Fundador:
Miguel R. Valladares García

sábado 22 de enero de 2022

Tres días de fiesta por las lenguas maternas

Un evento realizado por el Museo de la Máscara y hablantes indígenas, sin la intervención de instituciones gubernamentales

Pulso

Citlali Azcona

“Se está realizando un gran esfuerzo para que sepan realmente de dónde venimos y que conozcan realmente lo que nuestros abuelos, nuestra mamá, nuestro papá nos han inculcado: el idioma náhuatl”. Con estas palabras, pronunciadas en náhuatl por Leo Dan Reyes, se dio por inaugurada la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna.

A lo largo de tres días, del 22 al 24 de febrero, el Museo de la Máscara ofreció conferencias, talleres, obras de teatro, exposiciones, entre otras actividades para conmemorar esta celebración que, desde el año 2000, se celebra por decreto de la UNESCO y que busca celebrar la multiculturalidad en el mundo. Y que además, en esta ocasión tiene especial atención por ser nombrado el 2019 el año internacional de las lenguas indígenas.

Un evento realizado sin la

intervención de instituciones gubernamentales, contando únicamente con el

auspicio del museo y la organización de un grupo de hablantes indígenas

encabezados por la Maestra Gudelia Aguilar, coordinadora del área de lingüística

de la UASLP; quienes se encargaron de festejar las lenguas y difundir su habla.

Día 1: Presencia multicultural

El museo abre sus puertas a las

10 am, los expositores comienzan a instalarse, las artesanías Teneks, Triquis,

Wirikutas, entre otras, lucen en todo su esplendor en las mesas de la

explanada. Al fondo, un estrado improvisado para las conferencias. Poco a poco

la gente comienza a llegar, se acerca curiosos a ver los objetos, pero son

pocos los que se quedan a escuchar las charlas.

Personas de las Huastecas, de

Guerrero, de la Sierra de Querétaro, de Oaxaca, se han reunido para mostrar su

cultura; hablan de medicina tradicional, enseñan náhuatl y tenek, y muestran

cómo realizar alguna artesanía. Aunque somos pocos los que participamos en las

actividades, el ambiente es festivo, la gente escucha atenta, interesada; los

expositores comparten felices. En el altavoz suenan huapangos.

Al cabo de las 7 pm nos reunimos todos al pie de las escaleras para la ceremonia de inauguración, con la participación de la directora del Museo Marieta Bracho, el secretario técnico del ayuntamiento capitalino, Jorge Arias Hernández, el director de fomento artístico Manuel Gameros y un representante de cada uno de las etnias invitadas que dan la bienvenida en su respectiva lengua.

Entender la multiculturalidad de

México desde sus diversos idiomas, es comprender que cultura y lenguaje no

pueden separarse; que cada región, cada pueblo, cada etnia vive y entiende el

mundo de manera particular determinado por su forma de hablar. El doctor Jesús

Hernández Jiménez, integrante del pueblo ñañu, habla de esa cuestión en su

interesante ponencia. La discusión se torna amena, el público comparte sus

opiniones y la vasta experiencia del doctor permite el aprendizaje.

La noche concluye en la explanada

que el museo comparte con el Teatro de la Paz, a la tenue luz de la noche, un

grupo de jóvenes Huachichiles ofrecen un ritual. El firme golpe del tambor que

acompaña los movimientos de los danzantes, todos ellos decorados con pintura

negra y roja en sus rostros. Forman círculos en los que bailan, queman copal y

hacen sonar la maraca para agradecer a sus dioses. Al círculo se unen un par de

personas que se descalzan para poder ser parte de la fiesta; alrededor, cada

vez más gente se ha acercado a observar. Y los danzantes gritan, y cantan, y

giran.

Día 2. Títeres para el alma del maíz

Las actividades comienzan a las

10 am nuevamente. La explanada decorada una vez más con las artesanías de las

distintas etnias, cada una diferente a la otra y sin embargo todas comparten

que son el sentido de identidad de su pueblo, su cosmogonía depositada en un

objeto.

Nuevamente se habla de medicina

tradicional y esta vez se enseña mixteco a quien se acerque a escuchar.

Apenas entrar una cosa es clara,

somos pocos, esos pocos somos los mismos de ayer y probablemente, de mañana. Se

siente una especie de familiaridad, quienes estamos ahí compartimos un genuino

interés por la cultura, por el lenguaje y por las raíces. Esa familiaridad

permite llevar a cabo las actividades, emprender el diálogo.

Los idiomas presentes son muchos,

se distinguen el nahuatl, el tenek, el xi’uy, el wixarika, el triqui, el huachuchuil,

el mazahua, el alemán (portado por alguien del público proveniente de ese

país), y el español que en esta ocasión nos une a todos.

Durante horas y a través de las

diversas actividades y conferencias, compartimos nuestros tan distintos modos

de ver la vida; niveles como las relaciones amorosas y familiares, la

organización social, las matemáticas, los modales y los sentimientos, parecen

estar intervenidos por la lengua. Hablar se convierte en un orgullo; escuchar

al otro, en un goce.

Las actividades terminan con una obra

de títeres donde se explica el origen de Dhipak, el alma del maíz, para el

pueblo Tenek.

Día 3. Mirada en lengua pame

Es el último día de actividades,

el itinerario es largo pero interesante. Como había imaginado, los rostros

presentes son en su mayoría los mismos de los días anteriores; a pesar de que

el evento fue abierto al público, la participación fue poca.

En punto de las 10 de la mañana,

las mesas comienzan a prepararse para el tianguis artesanal. Me percato de que

hay un par de artesanías nuevas que no había visto y compro una tortuga

fabricada en madera y semilla, es origen Triqui.

Hablamos de gusano de seda y de

derechos lingüísticos. Es grato escuchar las anécdotas de los ponentes, todos

ellos hablantes naturales de lenguas indígenas, que aprendieron el español para

incorporarse en una sociedad que aún no está preparada para vivir del todo su

multiculturalidad, a la que aún le falta mucho camino por recorrer en materia

de integración. Todos ellos, están haciendo su parte para disminuir una brecha

que no solo es lingüística, sino de derechos humanos, laboral, académica, jurídica.

Juan Rubio es un curandero de la

comunidad Xi’uy o Pames del norte, en Jalpan Querétaro. Toma el micrófono para

compartirnos un poco sobre su vida. Habla en Xi’uy, no podemos entenderlo,

apenas logro distinguir algunas palabras en español que se cuelan en su

discurso, con ello intento imaginar y reconstruir el resto: nos cuenta sobre su

origen, su familia, su trabajo –tal vez–. Me mira fijamente mientras habla, me

da la sensación de que busca en mis ojos el vestigio de la comprensión, no

puedo corresponderle. Resulta interesante este ejercicio para todos los

escuchas, ahora somos nosotros los que estamos en desventaja; me pregunto si

don Juan será consciente de ello, si lo estará haciendo apropósito. Alguien en

el público grita “que hable en español”, pero no es necesario, hay algo más

allá de las palabras que nos permite, a quienes somos pacientes, seguir la

plática. Don Juan Rubio se despide con su español tan particular, tan suyo:

“cuando nos veamos, nos miramos y platicamos otra vez, en nuestras lenguas,

porque todos somos hermanos”.

Más tarde el grupo veracruzano

“Liceo de Matanzas” baila danzón; los asistentes forman grupos y platican entre

ellos, comparten anécdotas, el baile cubano ameniza el lugar.

Nuevamente se lleva a cabo el

ritual huachichil para cerrar la celebración: el baile, el copal, los rostros

pintados, el tambor, la música. Los danzantes agradecen por esta fiesta y los

dioses gozan del encuentro, del compartir de las lenguas.

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