El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, sigue alentando a las comunidades indígenas a tomar las armas para combatir a los rebeldes en las islas de Luzón, Bisayas y parte de Mindanao al ofrecer recompensas por cada guerrillero abatido.
Duterte ha ofrecido una recompensa de casi 500 dólares por cada rebelde comunista asesinado, con el fin de ahorrar a las fuerzas gubernamentales los costos de la lucha antisubversiva.
«Matas hoy un miembro del NEP (Nuevo Ejército del Pueblo) y te pagaré 25 mil pesos. Estaba calculando que si esto se prolonga durante cuatro años … será muy costoso porque es una guerra. Si pago solo 25 mil por una vida, puedo ahorrar cerca del 47 por ciento», anotó el presidente entre risas.
Durante una reunión privada en la ciudad de Cebú, Duterte sostuvo que los insurgentes son más fáciles de golpear que los pájaros porque tienen cabezas más grandes, reportó el sitio de noticias GMA News.
Las últimas declaraciones del mandatario se producen cuando grupos de derechos humanos lo condenaron esta semana por decir que las tropas deberían disparar a las mujeres guerrilleras en los genitales para hacerlas «inútiles».
«La oferta de Duterte de una recompensa por matar rebeldes comunistas, sin embargo, alienta crímenes de guerra como disparar a combatientes enemigos que se han rendido o herido, o que son civiles protegidos de un ataque», señaló Human Rights Watch.
El lunes pasado, Duterte ofreció a los Lumad (indígenas no musulmanes) unos 20 mil pesos por cada guerrillero del NEP que maten, lo que hace temer una escalada de violencia que ha llevado a miles de nativos a huir de sus comunidades.
El presidente, quien ha acusado repetidamente a la izquierda de usar el Lumad para luchar contra el gobierno, afirmó que armaría a los indígenas y los desplegaría para perseguir a «aquellos que mataron a sus camaradas».
Duterte se refería al reciente asesinato de un líder tribal y su hijo, que el presidente atribuyó al NEP. Los insurgentes nunca han negado ni admitido los asesinatos.
Kerlan Fanagel, presidente de la Confederación Pasaka, una organización que agrupa a 39 grupos de Lumad de un área que se extiende desde la región de Caraga hasta Mindanao Central, manifestó que el plan de Duterte era alarmante.
En lugar de poner fin a la insurgencia, dijo, darle al Lumad un papel prominente en la lucha contra la guerrilla dividiría aún más a los nativos.
La recompensa conduciría a más asesinatos de Lumad, especialmente aquellos etiquetados como insurgentes comunistas o simpatizantes de los comunistas, precisó.
El presidente retomó la retórica contra las guerrillas comunistas después de que las conversaciones de paz negociadas por Noruega colapsaron el año pasado cuando protestó por los constantes ataques de los rebeldes contra las fuerzas gubernamentales.
El Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), brazo armado del partido comunista, integrado por unos tres mil hombres, opera principalmente en el este y el sur de Filipinas.
Acabar con el conflicto entre el gobierno y los guerrilleros comunistas figuraba entre las principales prioridades de Duterte cuando asumió el cargo en junio de 2016.