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viernes 3 de abril de 2026

Semana Santa de Andalucía: fenómeno turístico, sociocultural y económico (FOTOGALERÍA)

Constituyendo un fenómeno de carácter sociocultural, turístico y económico de gran importancia para sus habitantes, la Semana Santa en Andalucía, al sur de España, es […]

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Constituyendo un fenómeno de carácter sociocultural, turístico y económico de gran importancia para sus habitantes, la Semana Santa en Andalucía, al sur de España, es una de las expresiones más genuinas del sentir cristiano andaluz.

A lo largo de siete días, Andalucía se transforma y sus pobladores salen a la calle para celebrar la Semana Santa.

La Semana Santa en Andalucía es una mezcla de incienso y azahar, del canto de una saeta solitaria o el silencio de una multitud, de las luces de los cirios, el colorido de las túnicas de los nazarenos y la música de las bandas de tambores y cornetas.

Es sentir la emoción de la tradicional «madrugá» de Sevilla; vivir la pasión con el «El Cautivo» de Málaga; ir tras el paso del Cristo de los Gitanos en las colinas del Sacromonte de Granada; ser testigo de la solemnidad del Viernes Santo con el «Santo Encierro» en Huelva.

También, presenciar la salida de «El Abuelo» la madrugada del Viernes Santo desde la Catedral de Jaén; sentir la pasión y entrega de los cofrades y hermandades de Cádiz; recorrer las calles de Córdoba entre sus silencios o ser testigos de excepción de los encuentros de las hermandades de Almería.

Sin embargo, de acuerdo con la promotora Open Comunicación, hay otras celebraciones de Semana Santa menos conocidas en esa región, aunque no menos emocionantes, más recogidas, menos multitudinarias, más humildes, más íntimas y quizá más auténticas.

Entre ellas está la de Vélez-Málaga, con algunas peculiaridades que la hacen distinta, como las procesiones que son lentas, los tronos que se mecen de forma pausada, paso corto, paso lateral veleño, exportado a otros lugares de la provincia e incluso a la capital por la elegancia y la sobriedad que imprime al trono esta forma de andar.

Preside la apertura de los desfiles procesionales una bandera, no siempre la cruz de guía y los pasos reanudan su andar con cuatro toques de campana que se dan para que el trono inicie de nuevo su andadura.

Vélez-Málaga tiene una peculiar Semana Santa en la que se conjugan grandezas de capital con encantos propios de un pueblo, conjunción que hace no saber si se encuentra uno ante una ciudad pequeña o un pueblo grande.

Esto, en medio de obras de Duarte, de Domingo Sánchez Mesa, de Guzmán Bejarano y Pérez Hidalgo o de los hermanos Caballero.

Refundada y reformulada en tiempos de posguerra por la práctica desaparición de su patrimonio en la contienda civil, la Semana Santa de Vélez-Málaga alcanza hoy su punto álgido, pues no hay otra forma de entender que se aglutinen en la ciudad diecinueve cofradías de Pasión que procesionan veintisiete tronos en sus desfiles oficiales.

No muy lejos, y también en la provincia de Málaga, la Semana Santa de Antequera tiene una serie de elementos diferenciadores que hacen de ella un bello y armonioso conjunto donde se entremezclan arte, historia, tradición y fe.

Quizá el gran mérito de esta ciudad haya sido el haber conservado mucho de lo antiguo sin caer –como ocurrió en otros municipios andaluces– en el mimetismo de lo sevillano renovado, de manera que las hermandades y cofradías poseen un rico y monumental ajuar procesional.

Destacan desde sus imágenes, en su mayoría esculturas de gran valor artístico realizadas por talladores asentados en la ciudad entre los siglos XVI y XVIII, hasta los bordados de sus mantos y palios, pasando por elementos de platería y entalladura, que están considerados piezas capitales del patrimonio artístico de la Semana Santa en la provincia.

Los desfiles procesionales de Antequera, que realizan sus nueve cofradías, cuentan con una serie de peculiaridades que los hacen únicos en el conjunto de la Semana Santa andaluza.

Sin embargo, lo que hace única esta Semana Santa y es uno de los momentos inolvidables es lo que se conoce como “correr la vega”, que consiste en subir corriendo los tronos de algunas cofradías por las empinadas cuestas que, al final del recorrido procesional, llevan a los templos-sede.

Es una tradición muy esperada tanto por sus vecinos como por los numerosos turistas que se acercan en esas fechas hasta la localidad y cuyo origen, al parecer, se debe a una antigua tradición que consistía en llevar a las imágenes hasta lo más alto de la ciudad para bendecir las tierras de La Vega de Antequera, que en su día fueron la primera fuente de riqueza de la población.

Cambiando de provincia, en la de Córdoba, la Semana Santa de Baena, declarada de Interés Turística Nacional y que aspira a conseguir el de Internacional, es un placer para los sentidos donde tiene un papel protagonista la figura del cofrade Judío, probablemente única entre los cientos de Semanas Santas diferentes que hay en España.

Llama especial atención su indumentaria, con chaqueta roja bordada, pantalón negro, camisa blanca, pañuelo anudado al cuello, una máscara colorista y casco de metal con impresionantes labrados, sobre el que luce un colorido plumero.

Además de las originales vestiduras y, sobre todo, de las artesanas máscaras que llevan casi todos los participantes, llaman la atención y los distingue, los estrambóticos cascos.

De la parte trasera cuelgan crines de caballo, blancas o negras, que dan lugar a la distinción de este peculiar personaje en Judío Coliblanco o Judío Colinegro.

Tal es su relevancia, que ha marcado a las distintas cofradías con un sello, dando lugar a la existencia de Cofradías Blancas o de Cola Blanca y Cofradías Negras o de Cola Negra.

Aunque de carácter religioso, esta Semana Santa, también ofrece un cierto tono festivo, motivado por el modo de celebrar estos pasajes bíblicos, a través de personajes singulares en esta ciudad.

Son numerosos los actos, protocolos y desfiles de la Semana de Pasión. El tambor es el lazo de unión del populismo de la Semana Grande baenense y simboliza el clamor de la devoción a la Pasión de Cristo.

Otra de las joyas de esta festividad es la presencia de ricas imágenes religiosas durante los pasos, como la del Cristo gótico del Perdón y el Cristo de la Expiración, declarada Bien de Interés Cultural.

Baena, casi en mitad del camino entre Granada y Córdoba, deslizándose en las laderas de un cerro, formando un conjunto urbano de calles sinuosas y estrechas, salpicado de viviendas tradicionales y casas señoriales, posee un rico patrimonio histórico y religioso.

Aquí hay castillos y leones, tumbas iberas y exvotos, templos romanos, iglesias cristianas, caminos sin fin y cuevas misteriosas, y olivos, y poesía.

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