Los políticos argentinos desoyeron la petición del Papa Francisco, que los llamó a abstenerse de viajar a El Vaticano para su entronización con el fin de dar ese dinero en caridad, y acudieron en una numerosa delegación a Roma.
El viernes pasado, el primer argentino en llegar al trono de Pedro en la historia de la Iglesia católica les pidió a sus compatriotas que no fueran al Vaticano y que mejor donaran a los pobres el dinero que pensaban gastar en el viaje.
Los únicos políticos que hicieron caso al pontífice fueron los diputados Adolfo Rodríguez Saá y Liliana Alonso de Negrete, quienes ya habían anunciado su partida, pero finalmente desistieron ante la sugerencia del propio Francisco.
En cambio, otros 140 miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial mantuvieron en pie sus planes y volaron hacia Italia durante el fin de semana para asistir a la misa de apertura del pontificado, que se realizará este martes.
La delegación oficial argentina que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es la más numerosa de las representaciones del resto de los países que acudirán a la ceremonia.
Aunque no fue incluido en la delegación oficial, también viajó por su cuenta el jefe de Gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, quien fue acompañado por su esposa Juliana Awada.
A ellos se les sumaron miles de argentinos que a partir del viernes comenzaron a colmar los vuelos que las empresas Alitalia y Aerolíneas Argentinas ofrecen de manera alternativa a Roma.
La agencia de viajes Despegar ya había anunciado que el miércoles, apenas se conoció la designación del cardenal argentino Jorge Bergoglio como nuevo Papa, las consultas por viajes urgentes a Roma habían aumentado en un 500 por ciento.





