La relación comercial entre México y Estados Unidos comenzó 2015 con un lastre, representado por la falta de infraestructura para el transporte terrestre que permita agilizar el intercambio de mercaderías entre ambos países.
El comercio binacional aumentó más de 400 por ciento desde que inició el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, pero las vías terrestres para el cruce de mercancías han permanecido prácticamente sin cambio, creando un lastre para la competitividad.
“El desarrollo de infraestructura y la modernización de procesos no ha seguido el ritmo de crecimiento del comercio, creando cuellos de botella y congestión” en los cruces internacionales terrestres, según un estudio sobre los primeros 20 años del TLCAN.
El análisis, elaborado por el Instituto de Transportación de la Universidad de Texas A&M, establece que los gobiernos de México y Estados Unidos tienen como tarea pendiente en los próximos años, eliminar el rezago en la carencia de infraestructura.
De acuerdo con el reporte, ambos países deben construir nuevas vías en puntos clave y modernizar las prácticas de cruce terrestre a través de la frontera, utilizando nuevas tecnologías.
De 1995 a 2013, el comercio terrestre entre Estados Unidos y México se ha incrementado de 100 mil millones de dólares a más de 400 mil millones de dólares.
En esencia, el comercio se ha cuadruplicado a pesar de la recesión de la década de 2000 y la crisis financiera mundial de 2007.
A lo largo de ese periodo, las importaciones desde México han superado sistemáticamente las exportaciones estadunidenses entre 15 y 20 por ciento
En 2013, una buena parte de ese comercio fue trasladado por unos cinco millones 194 mil camiones de carga que ingresaron desde México a Estados Unidos por alguno de los 20 cruces internacionales habilitados para el paso de vehículos comerciales.
Aunque el número de cruces internacionales en la frontera entre México y Estados Unidos ha aumentado 48 por ciento respecto a 2000, desde ese año sólo han sido abiertos tres nuevos y ampliados tres más, según datos del Departamento estadunidense del Transporte.
Asimismo, para los próximos tres años sólo se contempla que entren en operación otro dos cruces más.
Este año se tiene previsto inaugurar el puente internacional Tornillo-Guadalupe, en el sureste de Texas, y para 2017 el de la Mesa de Otay Este, en la frontera de San Diego, en el sur de California.
Un agravante de la situación es que el 63 por ciento de todos los cruces de camiones de carga a lo largo de la frontera se registra por tres zonas de cruce: en las ciudades de Laredo y El Paso, Texas, y por la Mesa de Otay, en el sur de California.
Tan sólo dos puentes internacionales ubicados entre Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, en el estado mexicano de Tamaulipas, registran el 35 por ciento de todos los cruces de camiones comerciales.
En 2013 cruzaron un millón 846 mil 282 camiones por Laredo, seguido por el cruce internacional de la Mesa de Otay, con 769 mil camiones el año pasado, y El Paso, Texas, con 738 mil.
El congestionamiento actual por el tráfico de carga “actúa como un lastre no sólo para la competitividad de la región, sino también para la de Estados Unidos y México en su totalidad”, según un análisis elaborado por el Centro de América del Norte para Estudios Transfronterizos de la Universidad de Arizona.
Además del importante aumento en el comercio como resultado del TLCAN, el problema de infraestructura se ha agravado también por otros factores.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington repercutieron en mayores medidas de seguridad a lo largo de los puertos de entrada, con revisiones minuciosas e impredecibles tiempos de espera, tanto para el cruce de mercancías como de personas.
Esto ha generado retrasos en los cruces que son perjudiciales y costosos para los fabricantes, transportistas y, en última instancia, los consumidores.
Según el Instituto de Transportación de la Universidad de Texas A&M, los impactos de estos retrasos no se limitan a la zona inmediata de cruce, ya que incluso pueden afectar los precios de los productos y su calidad al llegar a su destino.
Otro aspecto que ha contribuido a las congestiones de camiones comerciales en los cruces fronterizos ha sido el hecho de que las previsiones del TLCAN para el ingreso de camiones de carga de un país a otro presentan un retraso de casi 15 años.
Bajo el sector de servicios del tratado comercial, se contemplaba que los camiones de carga deberían tener acceso completo a las carreteras internas de cada uno de los países firmantes para el año 2000.
Sin embargo, Estados Unidos sigue negando el cruce a la mayoría de los camiones mexicanos, al argumentar problemas de contaminación ambiental y de seguridad en los vehículos.
Ante esta situación, algunos camiones sólo cruzan para dejar o recoger cajas, ya que no pueden continuar su viaje hacia el interior del otro país para llegar a su destino final.
Según los especialistas, la actualización de la infraestructura debe acelerarse por parte de ambos gobiernos en los próximos años, que requieren para ello aplicar nuevas tecnologías, a fin de reducir los congestionamientos en los cruces fronterizos.





