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lunes 6 de abril de 2026

El ratón de Harvard: un roedor creado hace 25 años en un laboratorio

Por Sabine Dobel (dpa) La Oficina Europea de Patentes (OEP) estudió el caso muy detenidamente y demoró siete años antes de otorgar la primera patente […]

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Por Sabine Dobel (dpa)

La Oficina Europea de Patentes (OEP) estudió el caso muy detenidamente y demoró siete años antes de otorgar la primera patente a un animal. Finalmente, el ratón del cáncer, también conocido como ratón de Harvard u oncorratón fue patentado hace 25 años, el 13 de mayo de 1992.

Investigadores de la Universidad de Harvard habían conseguido implantarle a este ratón el gen del cáncer de mama humano. La utilidad para la ciencia fue escasa. Pero la decisión de la OEP abrió la puerta a cientos de solicitudes para patentar otros animales. Hasta ahora, se han otorgado 500 patentes de este tipo, la mayoría para animales de experimentación.

«No hay tecnología que a priori quede excluida de la protección de patente», señala el jefe de prensa de la OEP, Rainer Osterwalder. Los críticos afirman que se otorgaron más de mil patentes a animales, células o genes.

En el caso del ratón del cáncer y de otros animales parecidos lo que se pretende es crear organismos modelos para la investigación y el tratamiento de tumores. Los animales son manipulados genéticamente, por lo cual se vuelvan proclives a enfermarse, por ejemplo, de cáncer.

En otros casos se experimentan en los animales medicamentos para la epilepsia o enfermedades autoinmunes. Según las patentes EP1456346 y EP1572862 se les inyectó a chimpancés partes del DNA de insectos. Ellos se van a utilizar para las pruebas de drogas, que se quieren usar en medicamentos. Las patentes de animales incluyen a ratones, ratas, gatos, perros, animales vacunos, cerdos, caballos y ovejas.

La patente del ratón provocó que los experimentos con animales aumentaran exponencialmente, dice Christoph Then del Instituto Testbiotech, que se ocupa de las consecuencias de la biotecnología. «Fue un incentivo comercial para seguir experimentando con animales», sostiene.

Entre 2004 y 2013, por ejemplo en Alemania se hicieron experimentos con casi un millón de animales trasgénicos por año, con lo cual la cifra se triplicó con relación a años anteriores. «Esto muestra las dimensiones que cobró la industria de experimentos con animales, no sólo en Alemania sino a escala internacional, motivada sobre todo por intereses comerciales», aseguran en Testbiotech.

Por su parte, los investigadores resaltan los beneficios de los experimentos con animales genéticamente modificados. Son indispensables para el progreso de la medicina, apunta Jürgen Ruland, director del Instituto de Química Clínica de la Universidad Técnica de Múnich.

«Los modelos con ratones transgénicos nos permiten aclarar asuntos muy específicos del cáncer y los medios para tratarlos». Una gran cantidad de ratones transgénicos se usan para esta especialidad.

«La medicina moderna del cáncer apunta a desarrollar métodos terapéuticos muy precisos, que sólo atacan a las células enfermas y protegen a los tejidos sanos. Para lograr este objetivos tenemos que averiguar qué anduvo mal en esas células». Lo que se necesita comprender es la interacción entre las celulas cancerígenas y las inmunes. «Eso es algo que por ahora sólo se puede investigar en organismos enteros», agrega Ruland.

La investigación sobre el cáncer y las formas de combatirlo para el bienestar de la humanidad tiene una importancia capital, sostuvieron los examinadores de patentes de la OEP que hace 25 años otorgaron la patente del ratón (EP 0169672). Varios años antes, el 12 de abril de 1988, sus colegas norteamericanos ya le habían otorgado la patente al ratón del cáncer de Harvard. No sirvió de mucho, dado que sólo tenía un gen cancerígeno y el cáncer de mama tiene una variedad de 20, 40 o tal vez de 100 formas distintas.

Algunos críticos opinan que probablemente no se haya podido investigar debidamente por los altos costos de las patentes del oncorratón. Las patentes de animales pueden bloquear la libertad de investigación, sostienen.

Más allá de los experimentos con medicamentos los beneficios de estas patentes en animales genéticamente modificados han sido escasos. Rara vez se ha conseguido producir medicamentos en base a sustancias obtenidas de animales transgénicos.

El interés de estas patentes para animales de consumo doméstico es reducido. Nadie quiere alimentos modificados genéticamente. Las excepciones son los experimentos con los salmones transgénicos, vacas con mejor calidad de leche o cerdos resistentes a situaciones extremas para que no afecte la calidad de la carne.

Las patentes de animales o plantas generan muchas polémicas. Sociedades de protección del medio ambiente y de animales, grupos cristianos, organizaciones de ayuda para el desarrollo, criadores de animales y campesinos advierten contra el monopolio que quieren ejercer los propietarios de patentes y el creciente dominio de las grandes empresas. Los campesinos pasan a depender de las mismas, los criadores de animales son desplazados del mercado y los costos de las patentes pueden encarecer sustancialmente los alimentos en tercer mundo, alegan.

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