El Parque Nacional Volcán Poás es el área silvestre protegida más visitada en Costa Rica, con una afluencia de 300 mil personas al año, quienes al llegar al mirador del cráter principal tienen la sensación de caminar entre las nubes.
Esto último se debe a que en el lugar predominan los vientos alisios, que son originarios del Caribe y soplan de manera constante durante el verano, los cuales arrastran gran cantidad de nubes y humedad.
Por esta razón el público que asiste a este sitio se encuentra la mayor parte del año con una zona llena de neblina, que origina bastantes lluvias y una temperatura promedio de 12 grados centígrados.
Año con año la afluencia de turistas nacionales y extranjeros va en aumento.
Durante un recorrido realizado por Notimex se constató que después de pasar por el estacionamiento y mesas para el almuerzo, los visitantes tienen que recorrer un sendero lleno de árboles, de un bosque nuboso.
Al finalizar este camino, luego de 30 minutos de caminar, aproximadamente, tienen la posibilidad de admirar el volcán, si es que no hay neblina, que se encuentra a una altitud de dos mil 574 metros sobre el nivel del mar, de acuerdo con un letrero de carácter turístico.
El aviso también informa que el cráter tiene un diámetro de mil 320 metros, una profundidad de 300 metros y la temperatura promedio del agua es de 40 grados centígrados.
Estando en este punto, dentro del parque que ha sido adscrito al Área de Conservación Cordillera Volcánica Central (ACCVC), que abarca la región central y norte del país, las personas pueden sentir una brisa, así como percibir los olores de la naturaleza.
También pueden ver algunas aves dentro de esta riqueza biológica, en la que abundan los recursos hídricos, lo cual le ha dado prestigio tanto a nivel nacional, como internacional.
La última erupción de este volcán fue aproximadamente hace seis meses, explicó el guía de turistas Ronnie Sibaja, quien recordó que de 1953 a 1955 expulsó material incandescente.
“El volcán Poás presume de tener uno de los cráteres más activos y más grandes del mundo, además de que es uno de los más visitados en el territorio nacional, por su cercanía con las ciudades de Heredia y Alajuela, y su fácil acceso”, subrayó.
Los aventureros que quieran conocer este atractivo costarricense, que emergió el 30 de junio de 1955, deben saber que su horario es de las 8:00 de la mañana a las 15:30 horas.
A media hora de distancia caminando está la Laguna Botos, que igualmente abre todos los días, pero cierra 60 minutos antes. Su diámetro es de 400 metros, tiene una profundidad de 14 metros y una temperatura promedio del agua entre los 13 y 14 grados centígrados.
Cabe mencionar que esta laguna es un cráter extinto, que está ocupado por agua de lluvia, por esto mismo y porque todavía conserva vestigios de acidez, debido a su origen volcánico, en ella se desarrollan sólo algunos microorganismos y algas.
Su nombre se le atribuyó por una tribu indígena llamada Botos, que vivió en los alrededores del volcán, y en la actualidad las personas pueden acceder por medio de la Autopista Bernardo Soto.
Cuando la gente entra a este parque se le pide que tome en cuenta algunas regulaciones para que su estancia sea más provechosa y segura, como por ejemplo, respetar las señalizaciones establecidas y no darle de comer a los animales silvestres, ya que esto podría enfermarlos o matarlos.
El turista originario de Costa Rica, Mauricio Carrillo, aseguró que ya ha visitado cuatro veces este volcán, el cual cuando está despejado la vista es impresionante, con algunos animales que viven alrededor como ardillas y aves.
“Es una obra de arte, muy lindo, verlo sin neblina es cuestión de suerte y tener paciencia; es el cráter más grande de Centroamérica y eso llama mucho la atención”, aseveró Carrillo, quien vive a 16 kilómetros de aquí.
En el trayecto, la gente puede convivir en este lugar al aire libre, descansar, tener nuevas experiencia, agudizar sus sentidos y leer detalles de la flora que existe en el área, mediante interpretaciones ambientales colocadas durante el camino, gracias a información proporcionada por egresados de la Universidad Técnica Nacional.
Parte de los recursos se que generan en la tienda con la venta de recuerdos y en la cafetería son utilizados para conservar el parque ubicado muy cerca del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría.
Se advierte en anuncios que quienes sean asmáticos o hipertensos deberán permanecer poco tiempo para que no arriesguen su salud y si a alguien le cuesta trabajo respirar, por la altura, se le pide regresar al centro de visitantes.
Al concluir el recorrido, el cual se puede realizar con la ayuda de la agencia de viajes Kroa Tour Operador, las personas pueden entrar a un museo dedicado a este parque, en donde se explica la historia del sitio, así como el nombre de Poás, cuyo origen no se conoce exactamente, aunque existen varias teorías al respecto.
“Se puede derivar del nombre primitivo ‘Puás’, denominación dada a un pueblo situado en sus faldas, hoy San Pedro de Poás; puede hacer referencia a algunas plantas con espinas”, se detalló.





