El pasado martes de esta semana, como epifanía, vivimos los mexicanos un milagro en el que no tuvo nada que ver deidad alguna y sí participó lo que he decidido llamar la consecuencia precisa. Cascada de eventos en un vaivén alocado como montaña rusa donde se conjuntaron voluntades, críticas y coraje deportivo. El empate, que en esta ocasión fue el equivalente de un triunfo, pues se jugó futbol con un handicap difícil de remontar. México y Brasil se midieron en un partido de primer mundo. Ellos, sin lograr del todo el lucimiento de la gambeta y nuestros seleccionados usaron el costal de mañas aprendidas en tantas lides por un lado y las que Miguel Herrera les ha inculcado por el otro.
Falta un partido para pasar a la siguiente ronda, aún es prematuro pensar siquiera en la copa. Después de lo que vimos, un temido anfitrión que no pudo ganarle al equipo mexicano, se siente ir en caballo de hacienda; se percibe un alivio comparado al que sintieron algunos Estados cuando dejó de cobrárseles la tenencia.
Roguemos al titipuchal de santos del calendario, imploren, aquellos que les toque en sus mezquitas correspondientes, para que se mantenga el espíritu aguerrido del conjunto tricolor y salgamos sin reticencia a festejar las victorias dentro de un marco de respeto y orden, sin que por eso falte la cajita feliz de la cheve favorita. Nos hace falta un anhelo, una esperanza que mitigue las penurias de pagar gasolina exorbitantemente cara, soportar la perrada de diputados holgazanes, de transitar por millones de baches aferrados al piso como ambulantes a su espacio. Un triunfo total, es decir ganar la final del campeonato será algo asi como el orgasmo deportivo esperado hasta por las monjitas del convento.
Croacia nos ha puesto en el dilema, tal vez con el empate con ellos se salga de panzaso -vuelven las viejas costumbres-, pero tienen estrellas que podrían hacer que la selección se achique, como España, que no supo si era padre o madre. Los chilenos se alborotaron la melena y ya vimos como dieron al traste las ambiciones de Del Bosque, director técnico de los ibéricos.
Cuentas aparte, ha resultado interesante lo que ocurre con las imágenes que televisoras exclusivas proyectan en nuestros analógicos y humildes aparatos receptores. Se ve gente de todas latitudes, aficionados que dejaron la metralleta o el AK47 en casa para disponerse a viajar a Brasil como si tal cosa, captados por esas cámaras tan versátiles y todavía, sin empacho, saludan a quien quiera verlos en proyección mundial, sin pensar que Interpol está al alba, captando con tecnología de identificación facial inmediata para echarles el guante a los narcohinchas en el momento que se disponen a ir al baño o a comprar beberecuas para seguir de solaz esparcimiento. Por eso pónganse abusados, tienen el poder económico para comprar pantallas del tamaño de una catedral, quédense en casa o vayan a Brasil después de dolorosa cirugía plástica.
Decidí dar marcha atrás en eso de pronosticar marcadores; ya ven, le iba a España y menudo lío. Ahora le voy momentáneamente a Argentina, hasta ver su desempeño. Hagan sus apuestas y mantengan el apoyo a los piojillos.
Hasta la Próxima.





