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Miguel R. Valladares García

jueves 9 de abril de 2026

Reanimar la inversión

Jesús Reyes Heroles G.G. El Grupo Huatusco se reunió la semana pasada y se volvió a plantear la pregunta que motivó su creación hace 12 […]

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Jesús Reyes Heroles G.G.

El Grupo Huatusco se reunió la semana pasada y se volvió a plantear la pregunta

que motivó su creación hace 12 años: ¿por qué la economía mexicana

no crece? Esta reunión fue muy pertinente, a la luz del mal desempeño de

la economía durante 2013 y en lo que va de 2014. Luego de precisar los méritos

y deficiencias de las reformas estructurales que impulsa el presidente

Enrique Peña Nieto, concluyó que es necesario revisar los fundamentos

“macroeconómicos” del crecimiento económico.

En ese contexto, es útil volver a afirmar que hoy la causa principal del

lento crecimiento es la falta de ímpetu de la inversión privada, cuya importancia

ha aumentado de manera sustancial: en 2013 representó 17.2%

del PIB, en comparación con 10% en 1993. Por su parte la inversión pública

representó 4.8% del PIB en promedio 2001-2013. La importancia de la

inversión privada deriva, primero, de que representa 13.1% de la demanda

agregada y, segundo, de que es factor determinante para ampliar la capacidad

de producción y la oferta agregada.

Hoy el INEGI publicará estadísticas acerca de su comportamiento durante

el primer trimestre del año. Sin embargo, indicadores oportunos permiten

anticipar que la inversión privada ha mostrado un desempeño muy

insatisfactorio, en contraste con la inversión del gobierno federal, que a

tasa anual aumentó 46.5% durante el primer trimestre.

En enero-marzo, la importación de bienes de capital ascendió a 9 mil

209 millones de dólares (mdd), en comparación con 9 mil 079 en 2013 (incremento

de sólo 1.4% anual). La inversión extranjera directa ha observado

niveles decepcionantes y cada vez

menores, de 8,129 mdd durante el

primer trimestre de 2013 a 5,820

el primer trimestre de 2014.

Diversas causas explican la atonía

de la inversión privada. Primera,

las modificaciones fiscales

a partir de este año eliminaron

la depreciación acelerada, lo que

constituye un desincentivo importante

para las empresas. Ahora,

la mayoría de la maquinaria y

equipo puede depreciarse en ocho

años, mientras que antes se permitía depreciar altos porcentajes del monto

de la inversión de manera anticipada. Si bien ocho años parecen muchos,

dada la velocidad e intensidad del cambio tecnológico en muchas industrias,

los trenes de producción se vuelve obsoletos más rápidos, por ejemplo,

en la industria automotriz y autopartera. El nuevo plazo para depreciar

el equipo no permite recuperar la totalidad de sus costos, en específico,

aquéllos de la inversión en maquinaria y equipo. Eso desincentiva la inversión.

Segunda, el justificado acotamiento del régimen de consolidación

fiscal tiene un efecto similar. A esto se agregan grandes retrasos en la devolución

del IVA por parte de SHCP.

Tercera, el bajo nivel de crecimiento se retroalimenta y crea un círculo

vicioso: las perspectivas de demanda futuras, sobre todo internas, se deterioran

y por tanto, se perciben como innecesarias inversiones hoy, que no

se utilizarán a plena capacidad hasta años después. Cuarta, a pesar de los

nuevos objetivos y de la “liberación” operativa de la banca de desarrollo, ésta

no ha regresado a financiar a largo plazo proyectos de inversión. Todavía

no se erradica la preferencia por el “factoraje” que, en el mejor de los casos,

sólo proporciona capital de trabajo. Quinta, México perdió atractivo para

los inversionistas extranjeros en comparación con otras economías. Una

adecuada instrumentación de las reformas adoptadas ayudará a volver a

colocar a México en un sitio prioritario para inversión extranjera directa;

sin embargo, eso requiere atención expresa y tiempo.

Sexta, por todo lo anterior, el ánimo de los inversionistas es malo, y se

agrava por su “molestia” con el gobierno por lo que consideran desatención

hacia ellos. Que los empresarios se sientan desatendidos y con falta

de interlocución no es un asunto menor y demanda atención inmediata

del gobierno.

Debido a las reformas impulsadas en la administración actual, México

tiene por delante una gran oportunidad para recuperar un crecimiento

económico acelerado, a partir de una inversión total, pública y privada,

muy superior a la observada durante más de una década. Es una oportunidad

que nadie puede dejar pasar, por lo que corresponde a todos hacer un

esfuerzo para que la inversión privada, nacional y extranjera, se reanime.

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