¿Usted confía en la palabra del presidente? Aparte de los discursos y su retórica ¿Hay algún aspecto del gobierno de Peña Nieto que se pueda considerar un verdadero logro en favor de los mexicanos? ¿Se puede creer a un gobernante cuando en su declaración patrimonial anual reconoce poseer 11 bienes raíces de los que asegura que 6 de ellos fueron obsequios, como lo dijo a principios de éste año?
Mal puede un gobierno reclamar a sus gobernados el cumplimiento de sus obligaciones fiscales si no acredita en los hechos un manejo transparente, honesto y eficaz de los recursos del erario. Si elude su obligación mínima de velar por la honradez absoluta en el manejo de las finanzas públicas, no tendrá la categoría moral para exigir puntualidad a los contribuyentes. Al empezar su gobierno y como parte de sus compromisos en el Pacto por México, Peña Nieto prometió, entre otras cosas que establecería un sistema fiscal más justo en el que todo mundo aportara algo a la carga tributaria, buscando reducir la inmensa elusión y evasión fiscal que se da desde la gigantesca porción informal de la economía mexicana que ya a éstas alturas alcanza un 60% según datos recientes del INEGI. Prometió también que iniciaría de inmediato un programa efectivo para combatir la corrupción que ya impregna casi todas las esferas de la administración pública y que coloca a México en un vergonzoso lugar entre los más corruptos del mundo. También aseguró que al aprobarse la reforma energética se iniciaría un programa de reducción gradual del precio de la gasolina y de la energía eléctrica. Palabras, solo palabras. Vea: Aseguró un crecimiento económico para el 2014 del 4% y ya las previsiones de los expertos auguran un 2% si bien nos va.
Hasta éste momento no ha cumplido ninguno de esos compromisos. En su llamada reforma fiscal no hay una sola disposición que tienda a reducir la economía informal y a repartir mejor la carga fiscal, como tampoco ha impul sado ninguna iniciativa para reducir la corrupción de los funcionarios, ni ha emprendido ninguna acción penal en contra de gobernadores sinvergüenzas que abusaron de su cargo, se enriquecieron junto con su pandilla de “colaboradores” y disfrutan de su riqueza mal habida en sus mansiones de Miami, Europa o Cancún (Moreira, Yarrington, Fidel Herrera, etc.) El único que está en la cárcel aunque disfruta de una suite con todas las comodidades, es Andrés Granier y eso porque abrió la boca para jactarse públicamente de sus riquezas. Los otros gobernadores, la mayoría ya están cubiertos por el manto protector de la impunidad que les dan sus cargos de diputados y senadores, o bien, se aprestan para ocupar una curul en las próximas elecciones del 2015, como ya se rumora que ocurrirá con Humberto Moreira, cuando regrese de sus vacaciones en España y lo lance como plurinominal su partido, el PRI.
En nuestro país padecemos uno de los sistemas fiscales más complicados y retorcidos del mundo, que parece estar hecho a propósito para dificultar al causante el cumplimiento cabal de sus obligaciones. Está hecho para facilitar a los grandes causantes la elusión, pero dejando a la clase media, empleados, trabajadores y pequeños empresarios como causantes cautivos, los que llevan a cuestas el peso mayor de la carga fiscal.
¿Cuánto paga usted de impuestos cada año? Si es usted pequeño, mediano o gran empresario, o si es usted empleado o trabajador en una empresa, e independientemente de su giro de actividad o de su empleo, tiene usted que pagar el IVA al adquirir cualquier bien que no sea alimento o medicina. Además, usted paga el Impuesto sobre la renta sobre su salario o sobre sus utilidades. Si tiene un automóvil con menos de 10 años de antigüedad, pagará anualmente la tenencia, a menos que se vaya a algún estado vecino a sacar sus placas y en donde ya se haya derogado este abusivo impuesto. Y luego, claro está, si es dueño de algún inmueble, pagará el impuesto predial a principios de cada año. Y si sale de vacaciones con la familia, lo más seguro es que pagará otro abusivo derecho de peaje o cuota de autopistas que con frecuencia representa más costo que el de la gasolina para su vehículo. Y renglón aparte está la gasolina que ya alcanzó el precio que se paga por ella en los Estados Unidos, con la única diferencia de que la de allá es de mejor calidad y menos contaminante, además de que para el mexicano promedio ponerle gasolina a su auto representa un porcentaje mucho mayor de su ingreso que para el norteamericano. Ya no detallo otros múltiples servicios gubernamentales, cuyo costo es exagerado, como puede ser la obtención de un acta en el registro público, o de un pasaporte en la Sría. de Relaciones Exteriores, o cualquier otro permiso o licencia cuyo trámite se realice ante alguna instancia gubernamental, ya sea municipal, estatal o federal. El hecho es que vivimos pagando impuestos, derechos y cuotas al gobierno ya sea federal, estatal o municipal. ¿Y qué contraprestación recibimos a cambio? ¿Qué calidad de servicios y obras públicas recibimos a cambio? Mala, muy mala calidad, me parece.





