Fundador:
Miguel R. Valladares García

lunes 30 de noviembre de 2020

En la casa del jabonero

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La alcaldía capitalina es políticamente una picadora de carne. La demanda social del día a día y su relevancia la han hecho un espacio con alto riesgo de accidentes. Xavier Nava ya tuvo su primer batacazo.

 

Conocidos los factores, no extraña el producto y sí en cambio es sorpresa que el alcalde capitalino, Xavier Nava Palacios, no fuese más cauto. El viernes pasado sin duda ha sido su peor día, muy pronto para lo que lleva en el cargo.

Sus antecesores llegaron a la presidencia municipal de San Luis Potosí con la promesa de sacar a la ciudad del estancamiento en el que se encuentra en infraestructura y servicios. Hace tiempo que los recursos disponibles y la condescendencia con grandes evasores de todo tipo de contribuciones municipales, apenas dejan a las autoridades capitalinas para gravitar sobre el cargo a la búsqueda de otra candidatura.

El predial lo pagan los pobres y las clases medias, no los propietarios de grandes superficies, ni los dueños de residencias. Es avis rara el desarrollador inmobiliario que entrega al Ayuntamiento el aporte de terrenos que le toca; se las arreglan con glorietas, camellones, barrancas y otros espacios no comercializables. Peor con las factibilidades de agua y drenaje: construyen sin ellas y una vez vendido, sacan los desechos de los nuevos moradores a la calle, o a contaminar el parque Tangamanga 1, o a fastidiar fraccionamientos gradiente abajo.

No hay autoridad que haya sido capaz de obligarlos a hacer drenajes pluviales, ni grandes colectores. Ni siquiera algo mejor que pavimentar cerros con una resultante de vialidades infames, empinados despeñaderos de ollas de concreto y vueltas donde el sensor antivuelcos destella en el tablero nada más pasar.

Todo lo hacen porque nuestras autoridades municipales, de los partidos que hayan sido, llegan al puesto para ponerse en modo plataforma a la siguiente elección, o reelección, aunque durante los tres años la basura se acumule bajo la alfombra. En la alcaldía capitalina los grandes problemas se administran, nunca se solucionan. Si no hay sistema de pensiones y la nómina municipal sea cada vez más pesada, no hay quien le atore a cambiar eso. Y todos, después de Marcelo de los Santos Fraga, han buscado una siguiente cita en las urnas sólo para estrellarse con la terca realidad de sus propios partidos que no los postulan, o si consiguen ser candidatos las mayorías ciudadanas no los votan.

Conforme crecen las necesidades desatendidas, la presidencia municipal de San Luis Potosí es políticamente una picadora de carne. El riesgo de desgaste es mucho mayor que en otros cargos porque el ciudadano exige soluciones. La alcaldía es el primer mostrador de la demanda social y no hay forma no encararlo.

El nieto de Salvador Nava Martínez ganó una elección contra todo pronóstico. Los panistas le dieron el registro porque no había en sus filas figura alguna que representara en serio propuesta competitiva frente a los Gallardo y su franquicia perredista. Nava Palacios llega con un aura de invencibilidad que ya entró en erosión. Desde luego, no es mentira que en esta fase hay actores que le ponen cargas de demolición, eso es esperable en política cuando se representa algo. Pero en buena parte la oportunidad para que adversarios aprovechen para provocarle derrumbes la han proporcionado el propio Nava y su novato equipo en la alcaldía.

Que le dejaron grandes estropicios financieros en la alcaldía capitalina, ya lo ha ido probando conforme rescatan documentos. Usos y abusos han sido divulgados, se han promovido acciones de fiscalización y de proceso, pero eso llevará tiempo mientras los hoyos en el pavimento se hacen más grandes, el alumbrado no mejora y se impone el “quinientón” como “criterio” base entre transportistas nocturnos en vialidades como Universidad y los alrededores de la Alameda. El equipo operativo del Ayuntamiento no se ve todavía; igual da si es por falta de dinero, de ganas o de talento. En el día a día, de expectativa ciudadana, la Alcaldía es casa del jabonero: el que no cae, resbala.

Con un entusiasmo inexplicable, el edil se lanzó a promover un aumento de casi 40% a tarifas del agua. Se trataba en parte de resarcir por los años en que se propusieron alzas y éstas no fueron aceptadas. Que la tarifa está rezagada, es real. La medida es responsable, pero políticamente controversial. Muy difícilmente iba a encontrar, en la composición del Congreso, legisladores que apoyaran y asumieran el costo. La bancada de Morena se le atravesó con todo, el PRI decidió ni pagar por ver. Quienes pudieron apoyarlo, los diputados panistas, encontraron que no valía la pena desgastarse ante el evidente alineamiento de colaboradores de Nava en la elección de Comité Estatal, a favor de Jorge Lozano Soto.

Sólo hasta que se descaró el activismo de funcionarios municipales como Pedro Pablo Cepeda Sierra, delegado en La Pila, el alcalde recibió un sentido aviso. Se dio cuenta del error y extendió un apoyo expreso a Juan Francisco Aguilar Hernández, el candidato de los diputados locales panistas, excepto Sonia Mendoza Díaz. Le faltaría un “apretón” más de sus sentidos socios azules, en sus propios terrenos: en el Cabildo no pudo sacar adelante un comisionado de Derechos Humanos. El fondo es el mismo: Nava se equivocó de aliados en el partido que le dio el registro para ser candidato. Si ya era incómodo jugársela con el desgaste de apoyar el aumento, más les incomodó la toma de posición contraria en la elección panista. Se le desmoronó la red de apoyo cuando más la necesitaba. Propuesta, tiempos y bando equivocados.

El aumento a las tarifas de agua en la proporción que obligan los incrementos a las tarifas eléctricas se sabe necesario, pero antes que eso está a cuadro una intocada morosidad y la impunidad de los fraccionadores a quienes se les permitió construir sin factibilidades de agua y drenaje. No se ve a qué horas la autoridad vaya por ellos, además de los concesionarios de servicios de agua privados, y los haga pagar lo que deben. Por lo menos que hiciera la finta de ir por los grandes causantes del déficit en Interapas, por un par de los más conspicuos, antes de proponer un alza considerable al agua.

Algo de tacto también hace falta. El apellido del abuelo pesa, pero no es un capelo a prueba de misiles. El ADN no da por sí solo estaturas morales por encima del promedio. Tiene adversarios atentos a que cometa más errores para cobrarle agravios pasados o para cerrarle posibilidades futuras, las que fueren. E incluso malquerientes por meras cuestiones de percepción: lo leen arrogante y elitista. El chimolerismo también tiene oficiantes en política y para ellos “el Nava se cree el muy, muy”.

Si el trabajo del equipo operativo no logra hacerse ver en las calles, el político tiene todavía más tramos que remontar y más dentina que ponerle con carácter de emergente a sus colmillos. Quizá el que mejor le entiende es el oficial mayor, Valle Portilla. No se atreven a decirle que delegue y no ejerza de director en todo. Que se enfoque en lo esencial. Que no puede ser Nava como la Universidad de Columbia: “In lumine tuo videbimus lumen” («en tu luz veremos la luz»).

En política nadie es infalible y los errores generan monstruos por doquier.

 

ROLLOS SUELTOS

EL GRAN PERDEDOR. El senador Marco Gama Basarte es, a final de cuentas, el gran perdedor de la elección panista de dirigente estatal. Lo suyo es en expectativa de futuro; el resto de los que apoyaron un proyecto distinto al de Juan Francisco Aguilar de alguna manera ya fueron, o si pretenden ser no tienen una plataforma de similar alcance: Octavio Pedroza, Marcelo de los Santos. Sonia Mendoza, Alejandro Zapata, Héctor Mendizábal.

SE QUEDÓ SOLO. No habrá impugnación de la elección panista por una sencilla razón: desde el ex gobernador Marcelo de los Santos al ex senador Octavio Pedroza, los ex socios de Jorge Lozano Soto se comunicaron con el ganador en el transcurso de la semana.

PEDAGOGÍA GANADORA. Haber dedicado tiempo de la campaña a enseñar cómo se llena la famosa “boleta uruguaya” de la segunda vuelta, pudo haber dado un buen margen a Juan Francisco Aguilar en la elección panista. Hasta llevaba modelos grandes de las boletas para hacer la demostración, como los sobrecargos en los vuelos con el cinturón y las mascarillas de oxígeno.

 

 

LA TIRA DE LAS NETAS

CUANDO LA CORRUPCIÓN SOMOS TODOS

“En un contexto en donde hay corrupción, una variable que determina el éxito de una empresa es su capacidad de lidiar con esa corrupción, ya sea esquivándola o participando”.

Nicolás Ajzenman, economista del comportamiento especializado en corrupción, sobre corrupción en el empresariado y cómo combatirla. Expansión 1244 (XI).

 

 

SE “ADAPTAN” RÁPIDO

“El poder es bien cabrón…()… Estás presumiendo que llegaron las generaciones de políticos limpios, de gente de bien, y antes de cumplir los 15 días del gobierno de Andrés Manuel, los legisladores de su partido violan la ley y se estacionan frente a Palacio Nacional, donde está prohibido”.

Víctor Trujillo “Brozo”, sobre los legisladores federales que se estacionaron en el Zócalo. El Mañanero, diario (14/XII).

 

EL MAREO DEL DESENCANTO

“Lo extraño no es que cambiemos unas autoridades por otras, sino en quién depositamos nuestra confianza cuando dejamos de creer en algo”.

Máriam Martínez-Bascuñán, polítóloga española, respecto del presidente francés Macron y el movimiento de “Chalecos amarillos”. El País (15/XII).

 

 

 

 

 

 

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