Una vez me dijeron que, aquí en estos espacios, soy medio claridoso y “demoledor”. Y, miren, siempre he buscado “la crítica constructiva” con toda su buena fama, pero resulta difícil que alguien con cierto poder la reconozca y acepte su utilidad o sus sanas intenciones, en lugar de ver envidias, recelos o ganas de joder. ¿Saben qué? Lo peor puede colarse en un análisis crítico, aunque a menudo ese no sea el caso.
Casi todos se sienten perseguidos: Trump, digamos, por quienes no lo admiran; Amlo, por los mafiosos anti-progresistas; Epn, por los anti-priistas malagradecidos, y cualquier Gobernador por los que no considera sus amigos.
Cada uno de ellos suele percibir ‘fake news’ de medios de comunicación; arrebatos de intereses en riesgo; crueldades de ociosos que ambicionan el poder, o inventos de aquellos que sólo se dedican a criticar, respectivamente.
Se ha puesto de moda eso de estar contra la corrupción y los políticos ladrones que invaden las noticias. Es difícil no despreciar incluso a quienes tienen un ojo clínico para rodearse de ellos, darles cargos, ensalzarlos y celebrar su “intachabilidad.” De entrada, oigan, no todos resultan corruptos o al menos no serían igual de corruptos, pero los empareja un censor que se cree virtuoso y moralmente superior.
Remata Javier Marías (El País Semanal, 21/V): “…uno percibe a menudo, más que la indignación, la rabia o el resentimiento, su autocomplaciente exhibición, de cara a la galería: ‘Vean qué honrado y justiciero soy, vean cómo me enfurezco con los corruptos. Y qué bien me sienta, ¿no?’ Fariseísmo, se llamaba eso en la antigüedad.” Doble moral, se dice ahora.
Pero, bueno, si la censura arrasa a todos por igual a partir de rumores, supuestos o dardos de mala leche, los cuestionamientos pierden fuerza y hacen que inocentes o culpables se sientan absueltos o redimidos. Si todos resultan corruptos, nadie viene a ser especialmente deshonesto.
Me gustaría que estuviéramos de acuerdo en que vemos aquí individuos que van desde pésimos hasta bastante aceptables, aunque estos últimos nos parezcan menos interesantes. Quiero coincidir con los lectores que puedan tener valoraciones elogiosas de algunos gobernantes, pero no sólo porque sean sus jefes o amigos.
Quedemos, pues, en que los casos de escándalo habrán sido confirmados y tendrán que ser juzgados, mientras que otros reclaman ser investigados ya por instituciones confiables. A su vez, claro, la amistad no impediría decirle a cierto funcionario que tiene que cuidarse y mejorar; tampoco su ausencia (o la enemistad) debería ser la principal razón para estar chingue y chingue al interfecto.
Si no tengo amistad con Trump, Epn, Amlo o algún Gobernador, eso de ninguna manera será lo que me induzca a cuestionarlos y, vamos, aún menos los aplaudiría solamente por ser mis amigos. Todo lo contrario… al amigo, la verdad.
* NO ES NADA RARO que los mandatarios se vayan quedando bastante solos por varias razones. Entre éstas, fíjense, por no escuchar críticas que les habrían sido útiles, al igual que por haberle tenido miedo a la inteligencia o a opciones que les podían haber servido. En sus equipos, a la vez, algunos desleales se dedican a nadar de muertito y promover sus propios intereses, lo que empeora al avanzar un período de gobierno. El bajo perfil ayuda a evitar que surjan por ahí cosas malas… y buenas.
Los políticos que son rebasados en sus elevadas responsabilidades, cuentan en general con sus cónyuges pero —en el mejor de los casos— ellas serían las compañeras leales que los aman y, al mismo tiempo, sufren o disfrutan las heces y las mieles del poder.
Aunque en Francia el presidente tiene a su lado a la extraordinaria Brigitte Macron, va a necesitar muchos colaboradores eficaces que le ayuden a crecer como gobernante (llegar al poder fue fácil). Se destaca que su esposa es 25 años mayor que él, pero lo crucial es que siempre lo acompaña como animadora, maestra solidaria, consejera, coordinadora política, amante y cómplice. ¡No faltaría más!
Están descontinuados los príncipes azules (acá era de risa la búsqueda del “Macron mexicano”), e igual son extremadamente raras las primeras damas de esas características. Pero, eso sí, la soledad se la buscan ellos mismos a partir de errores y desdenes a lo largo del tiempo.
Allá están en luna de miel y el arranque del gobierno es crucial (la gente espera algo distinto) hacia lo que viene después. Por acá ya resulta demasiado tarde, pero quizá en fases finales (adelantadas) se pueda salvar algo con cambios de estrategias y personas, que traigan mejoras en comunicación y operación política.
* LOS MEDIOS Y LAS redes se disputan la atención de los consumidores en una contienda que va ganando el ágil Internet, pero todavía faltan batallas o ajustes de ambos lados. Las noticias ya se checan más en forma inmediata, pero el análisis se resiste a dejar el tradicional papel periódico que se puede subrayar y recortar.
Realmente, mucho depende de que uno caiga en las viejas o nuevas generaciones, aunque creo que por sobradas razones los libros nunca desaparecerán.
Bueno, con sus ángulos positivos y negativos, las redes tienen sus amigos y enemigos… Arturo Pérez-Reverte (EPS, 21/V) nos hace ver que, como experimento, las imperfectas y criticadas redes son útiles y hasta “fascinantes”, pero tenemos que “diferenciar el oro de la basura.”
Permiten ver cómo reacciona la gente y nos fuerzan a estar atentos y, al no filtrarse manchas como la ruindad e ignorancia, dejan ver “la irrealidad del mundo real… la faceta dislocada, absurda a menudo, que de ella muestran”, con casos de deformaciones y manipulaciones —a cargo de detractores o defensores a ultranza— en “asuntos serios y urgentes” como la política o el feminismo.
En fin, hay allí más voces para escoger, pero la imbecilidad de la que hablaba Umberto Eco se agrava por las propias tecnologías y la búsqueda de clics rápidos y tráfico intenso a toda costa. Visto está, algunos radicales o resentidos pueden gritar ahora mucho más.
* NO TENGAS MIEDO DE tu ambición, de tus sueños o incluso de tu enojo. Son fuerzas poderosas, pero encáuzalas y aprovéchalas para hacer una diferencia en el mundo (H. Clinton, Wellesley College, 26/V).
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