Estaban enterados del robo de combustible pero “se hacían guajes”. El problema es que no se trataba de cualquier hijo de vecino sino de los primeros mandatarios de la nación, los entonces presidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. La omisión de estos sujetos le ha costado al país una terrible sangría de recursos económicos y, además, alentando una delincuencia organizada que, decían, “combatían” con todos los recursos disponibles del Estado mexicano, sobre todo con una fuerza pública bruta que terminaría por dejar, como cereza del pastel, un elevado número de muertos y desaparecidos. Es ya lugar común señalar que, por ejemplo, Calderón se lanzó a ese “combate” más con el afán de legitimar el fraude electoral de 2006 que con un plan estratégico de contención de la violencia criminal.
Bien se podría decir que “en tierra de tuertos el ciego es rey” porque, en efecto, los ex-presidentes mencionados estaban “ciegos” porque no veían el descomunal saqueo a Pemex, pero como máximas autoridades del país hacían oídos sordos a cualquier queja o denuncia porque se trataba de una corrupción institucionalizada, tolerada desde el más alto nivel jerárquico del poder público nacional. Ahora que se ha resuelto terminar con el “huachicoleo”, resulta que, sobre todo Fox y Calderón, se rasgan las vestiduras, cuestionando las medidas del nuevo gobierno federal y haciéndole al enmascarado con sus respectivas responsabilidades en la instrumentación y protección prohijadas para ese delito durante sus mandatos. Lo de Fox ya es hasta caricaturesco, y baste señalar que se le recuerda más como “el primer mandilón de la nación”.
Otras cabezas de la hidra tenían que ser, por supuesto, los inefables dirigentes sindicales petroleros que, como el tal Carlos Romero Deschamps, con todo cinismo, aplauden la lucha contra el “huachicol”… pero ya se andan amparando “por si las moscas”. El líder petrolero mencionado se ha vuelto célebre desde que desvió recursos en apoyo de Francisco Labastida Ochoa, en la campaña del año 2000, con el famoso “Pemexgate” que, por supuesto, no fue suficiente para llevarlo a la cárcel por la complicidad e impunidad imperantes en el “prianismo gobernante”. Luego, se ha exhibido y documentado que sus vástagos se dan una vida de excesos que envidiaría un jeque árabe. El desplegado sindical que ha circulado en estos días, solidarizándose con AMLO, está que ni mandado hacer… por disparatado.
Obviamente, quienes también tienen vela en el entierro son ciertos empresarios expendedores gasolina que, ávidos de ganancias extraordinarias, compran el “huachicol” para redondear el negocio. En suma, toda una cadena que no es fácil desmontar pero que no se podía tolerar más. Ciertamente, puede presentarse una molestia derivada de un desabasto que no es común observar, pero que hay que poner en su debido contexto. Desgraciadamente, los agoreros del desastre han magnificado el asunto a extremos risibles, recurriendo al gastado expediente de la “venezolización”, pretendiendo que si hoy tenemos desabasto de combustible, mañana será de alimentos y otros bienes de consumo básico. Lo cierto es que, según encuestas recientes de medios incluso críticos a AMLO, señalan que cuenta con un alto nivel de aprobación a su gestión por la determinación de combatir el “huachicoleo” (Periódico “Reforma”, 11 de enero de 2019).
Finalmente, como era de esperarse, la cruzada gubernamental contra ese delito ha topado con los intereses políticos de partidos de oposición, sobre todo del “prianismo” y es explicable que asuman esa postura, toda vez que, como ya se planteó al inicio, la corrupción e impunidad con respecto a este robo a la nación se toleró desde muy arriba en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, destacando en el “enjuague”, territorialmente, entidades federativas consideradas como bastiones del panismo (como Guanajuato y Puebla) y, sectorialmente, organizaciones sindicales como la encabezada por el cacique petrolero Romero Deschamps, fiel representante del priísmo más dinosáurico. Esos partidos de oposición -y otros más- se niegan a tipificar como delito grave el robo de combustible, alegando tiempos y circunstancias propias del poder legislativo federal que, empero, cuando les tocó gobernar el país, ni por equivocación se acordaron de respetar. Es anecdótico como Fox se llenaba la boca diciendo que, en su mandato, “el ejecutivo propone y el legislativo dispone”, mientras que, por otros medios, fraguaba y operaba el desafuero de AMLO para impedir su candidatura presidencial en 2006 y que, incluso, luego reconocería con total desparpajo. El caso es que, llegados a este punto, queda claro que los ex-presidentes “prianistas” señalados incurrieron en graves omisiones en este delicado asunto, pero por la trascendencia de sus (en)cargos serán socialmente recordados, por lo menos, como los vulgares “vendepatrias” que fueron.





