Contrario a lo habitual, el gobierno de Fernando Toranzo reaccionó pronto y bien ante el serio problema que le representaban los despropósitos de su director general de Seguridad Pública. Sin embargo, la destitución del teniente coronel José Luis Urban Ocampo no resuelve la inquietud presente entre muchos potosinos, que se puede expresar de la siguiente manera: ¿Qué clase de gobierno es aquel donde un jefe policiaco, sin otra formación que la militar y con unos pocos años de haber llegado a estas tierras, decide por sí y ante sí convertirse ya no en operador sino en hacedor de política, en plena época electoral?
Removido el protagonista, a seis semanas de tener nuevo gobernador (electo) y a cinco meses de que concluya el sexenio, la pregunta puede parecer desfasada, intrascendente e inspirada en el más puro ánimus ingandis. No, no es así. Al menos no lo veo así. La inquietud se presenta válida, justificada y pertinente por varias razones. Para empezar, porque los peligrosos excesos de Urban (no hay que olvidar los detenidos muertos a manos de sus subordinados ni sus ambiciones inmobiliarias) son solamente un eslabón de la larga cadena que nos aflige:
Corrupción rampante en todos lados, lo mismo en el DIF enriqueciéndose miserablemente con los desayunos para niños pobres que en la SSPE y la Oficialía Mayor comprando al doble de su valor real sofisticados equipos electrónicos en tiendas de abarrotes del DF; obras costosas que se inauguran y al día siguiente revelan fallas graves, nómina creciendo imparable a niveles que pronto serán insostenibles; procesos para elegir servidores públicos que luego sólo pueden sostenerse corrompiendo a los impugnadores o acudiendo a lloriquear a los tribunales federales.
Sigue: parientes enriquecidos a niveles insultantes; contratos de obras subastados en la Secretaría General de Gobierno por su ex titular, hoy gambusino del fuero; usurpadores y usurpadoras del poder consecuentados, recursos federales devueltos por la incompetencia de los encargados de su aplicación.
No están ausentes las estampas grotescas: vástagos comodinos viviendo en Casa de Gobierno con sus perros tratados cual huéspedes de honor; funcionarios consentidos que lo mismo tripletean ingresos que contratan brujos y buenos choferes convertidos en factótum del Ejecutivo. La lista completa puede ser enorme y muy deprimente. Sirva esta punta del iceberg para ilustrar la parte todavía bajo el agua.
Pero eso no es lo peor, lo es el hecho de que existe la posibilidad de que este descompuesto, horrible, incompetente, represivo, acomplejado, atrabiliario y corrupto gobierno tenga continuidad y sus protagonistas consigan protección e impunidad total.
Los potosinos encaramos el riesgo de que tan agraviante adefesio en lugar de ser exorcizado sea elevado a los altares del continuismo y la complicidad.
Eso es lo que espanta. Hay qué decirlo una vez más: en tanto se niegue obstinada, terca y quizá suicidamente a marcar distancia con el toranzato; a deslindarse clara y valientemente, Juan Manuel Carreras López -hombre de bien donde los haya- inspira temores profundos, difíciles de superar ante las urnas.
Más de una vez hemos dicho aquí mismo que a la luz de lo ocurrido con el paso de los años, el hecho de que Fernando Toranzo no se haya robado un peso, para efectos prácticos resultó intrascendente, toda vez que dejó que muchos otros, incluidos sus más cercanos, lo hicieran.
Bueno, llegado el caso de poco habría de servirnos a los potosinos que Juan Manuel Carreras sea un hombre honesto, preparado, competente y educado si habrá de transformarse en protector, cómplice y valedor de corruptos, advenedizos, incompetentes y energúmenos. El tiempo se agota.
En cuanto al otro monumento a la incompetencia y la voracidad que en buena hora aunque muy tarde causó baja, Joel Melgar, la versión más extendida y creíble es que lo alcanzó el destino porque él fue quien grabó y exhibió a Urban. No es de dudarse; nunca se llevaron bien, y aunque comprados al doble de su valor y en un tendajón, los equipos de espionaje telefónico a cargo de Melgar sirven para eso y más.
El complemento de esta especie es que a diferencia de Urban, a Melgar no lo corrieron sino que le aceptaron la renuncia, porque existe el fundado temor de que en su audioteca privada tenga otras grabaciones más delicadas por ser de más alto nivel. Debe uno suponer que hasta generosos fueron con su pago de marcha.
Dos breves cuestiones más: la primera, a diferencia de casos anteriores, ésta vez el Güero sí opinó sobre el affaire Urban Ocampo, y lo hizo de manera correcta. La segunda: dijimos aquí hace una semana que sabíamos lo que iba a pasar en ese mismo asunto (que el gobierno se haría el desentendido y guardaría silencio, como en tantos otros casos). Nos equivocamos. Ya devolvimos por defectuosa la bola de cristal.
LAS ENCUESTAS Y EL VASO A LA MITAD
En tanto que no son una ciencia exacta, las encuestas en general, pero sobre todo las que indagan la intención de voto de los ciudadanos, se prestan para interpretaciones variadas y discusiones interminables, máxime que si bien sus principios metodológicos deben ser los mismos para todas las casas encuestadoras (serias), hay diferencias de matiz en su aplicación, en la formulación de los cuestionarios, en la selección y el tamaño de la muestra. También, el nivel de confianza es distinto si se pregunta por qué candidato se piensa votar o si se entrega una boleta simulada para que la respuesta sea anónima. Igualmente, la confiabilidad de los resultados es diferente si se trata de encuestas telefónicas o cara a cara.
Tomando en cuenta todas estas prevenciones y la tradicional advertencia de los propios encuestadores de que los resultados son básicamente una fotografía del momento (o sea que retratan un escenario en cambio constante) y que nunca deben ser tomados como pronósticos, es una realidad que las encuestas bien hechas son útiles. Sirven para tomar el pulso ciudadano, para identificar sus demandas y reclamos; para enfocar el discurso, para medir niveles de identidad partidista y, si se hacen varias continuadas, para tener claro como van evolucionando las preferencias o rechazos.
En la experiencia de Servidor, la interpretación más acertada de las encuestas guarda semejanza con la vieja cuestión de si un vaso que presenta la mitad de su contenido está medio lleno o medio vacío. Siempre he pensado y sostenido que la respuesta correcta depende del estado anterior del recipiente. Me explico: si ese vaso estaba lleno y se le extrajo la mitad del liquido, es ahora un vaso medio vacío. Si, por el contrario, antes estaba totalmente vacío y luego se le echó la mitad de su capacidad, es un vaso medio lleno.
Con esa premisa constatada en distintas experiencias personales, soy un convencido de que el valor informativo y orientativo de los sondeos de opinión es mayor y verdaderamente útil si se tiene un referente anterior, preferentemente de la misma empresa y hecho con exactamente la misma metodología.
Es decir, si la encuesta de Consulta Mitofsky levantada los días 27 al 29 de marzo se complementa con otra que se haga digamos la semana próxima, el resultado de ésta última será muy importante: mostrará a cada candidato si avanza, retrocede o está estancado, y deberá identificar las razones de una u otra circunstancia. Exactamente lo mismo se puede decir respecto de la hecha por El Universal, entre el 11 y el 13 de este mes (hablamos únicamente de estas dos porque otras de que se ha informado no son de firmas reconocidas y algunas nadie las ha visto).
Y desde luego, los resultados que invariablemente se acercan más a los definitivos que arrojan las urnas, son los de las encuestas que se levantan máximo una semana antes de la elección.
Hace seis años, al iniciar las campañas en febrero del 2009, según diferentes encuestas serias Fernando Toranzo aparecía con una desventaja de entre 18 y 20 puntos porcentuales respecto de Alejandro Zapata. En aquella larga campaña (la elección fue en julio, hay que recordar) se hicieron sondeos continuados que invariablemente mostraban que esa diferencia se iba reduciendo. Fue en el último, levantado por Mitofsky ocho o nueve días antes de la elección, cuando por primera vez Toranzo apareció con un punto, un solo punto de ventaja sobre Zapata. Al final, una semana después, el doctor ganó con el 3.4 por ciento.
COMPRIMIDOS
Lo corto del espacio que nos queda nos obliga a quedar a deber para el próximo jueves alguna otra propuesta de gobierno que eventualmente pudiera interesarle a alguno de los candidatos en campaña.
A propósito de, Marianela Villanueva y Meme Lozano demostraron que cuando no se tiene cola que te pisen es fácil tomar la decisión de hacer público tu patrimonio. Si algún otro candidato(a) ya lo hizo, por favor que me avise pues no lo tengo registrado.
Entre domingo y lunes anteriores aparecieron en los medios declaraciones poco afortunadas de distintos dignatarios eclesiásticos, como esa de que “la maternidad subrogada es como hacer un trio”. Decía Baltazar Gracián: “Moderación, hasta en el sufrimiento”.
Sin duda que fue útil para el proselitismo priísta la reciente visita de su líder nacional César Camacho Quiroz, sobre todo porque a diferencia de otras veces ahora estuvo en tres de las cuatro regiones de la entidad y entró en contacto con grupos que no andan muy contentos que digamos con la forma como se resolvieron muchas candidaturas, sobre todo de alcaldes. Lo que simplemente no se pudo evitar es que en cuanto hacía su aparición, todo mundo clavara la mirada en su muñeca para ver cuál de los valiosísimos relojes de su colección traía.
Dice el dirigente panista Héctor Mendizábal que la candidatura de Juan Carlos Velázquez para presidente municipal de Soledad fue una decisión del Comité Ejecutivo Nacional que preside Gustavo Madero, y que por consecuencia es a esa instancia a la que corresponde determinar si el cuatacho de Urban y priísta fallido sigue o no en esa posición. Una paradigmática verdad a medias: el CEN decidió sobre propuestas enviadas por el Comité estatal que preside Mendizábal.
Hasta el próximo jueves.





