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Miguel R. Valladares García

jueves 9 de abril de 2026

Van y vienen…

Ya podemos saber quién va a ganar la elección para la gubernatura, aunque igual es posible que todos pierdan… que todos perdamos, pues,… incluidos los […]

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Ya podemos saber quién va a ganar la elección para la gubernatura, aunque igual es posible que todos pierdan… que todos perdamos, pues,… incluidos los ciudadanos.

Bueno, a partir de la manipulación de las encuestas, así como del desbordamiento de intereses personales o partidistas, tienden a nublarse las perspectivas reales de los diversos candidatos. Esto se observa en las campañas de los tres principales candidatos a gobernador, si bien surgen otros por ahí. Los extremos se dan más entre partidarios apasionados, pero también al nivel de los candidatos, directivos y operadores.

Para ganar, claro, deben creer en sí mismos; convencerse y persuadir a los demás de sus respectivas posibilidades.

Sin embargo, las encuestas de opinión son algo que la gran mayoría de estos jugadores y espectadores no suelen entender muy bien. Y todos abusan de ellas al grado de mentir, manipular y reconocer sólo las que les gustan (ignorar las otras, que recogen la inversa). Es el pavor a las “cargadas” ajenas y las desbandadas en casa. Pero, bueno, ahí se atrincheran sin saber leer ni respetar esos sondeos.

Las encuestas son, en la política, estudios de opinión que resultan muy útiles si se apoyan en una muestra representativa, además de aplicarse y difundirse con seriedad y objetividad, lo cual se podrá lograr en su momento al comparar varias sucesivas y simultáneas que sean realizadas por empresas serias e independientes, sin la intervención de los partidos.

Miren, un candidato a gobernador dijo en nota de ocho columnas que “él va a sacar su encuesta en donde… estará a la cabeza de las preferencias electorales” (La Jornada San Luis, 21/IV). Aunque nunca ha estado en política, no le gusta que él y su nuevo partido —Morena— sólo tengan 1.7% de las preferencias en una medición seria.

Por su parte, se entiende que quieran mostrar cierta confianza real o simulada, pero a veces se abusa de las argucias y, al rebasarse el autoengaño, todo se puede volver muy peligroso. Para unos sólo existen las noticias que los favorecen… y así en los otros casos.

Sin duda, a fin de atraer voluntades, se hace necesario darse seguridad aunque los excesos de confianza pueden resultar muy costosos. Lo curioso es que si uno cuestiona las desproporciones que no tienen sustento, sus valedores se enojan y dicen que alguien importante les informó que “estamos ganados”, cuando aún falta la parte más significativa de la campaña. Así sean desafíos que animan, igual desdeñan lo adverso que debería ser neutralizado con oportunidad. El riesgo es que, entre tanta jactancia, algo crucial no se tome en cuenta.

Todos buscan engañar y algunos hasta se engañan a sí mismos, tal como lo hemos vivido varias veces. Fíjense, se define que “el fanático es ciego, sordo y estúpido”, con lo que se debilita a los más fuertes, aunque también hay actos desesperados de otros.

En fin, oigan, si bien todos los equipos de campaña le entran a la guerra sucia (cada uno disfruta los golpes a sus adversarios y se queja de los que recibe su candidato), una competición “de altura” no significa que se evite cuestionar cualquier punto débil del contrincante.

Hay, por último, diversos elementos en torno a la necesidad y la posibilidad real de deslindarse de algún antecedente negativo. En México y San Luis Potosí, eso incluye compromisos como luchar con eficacia en contra de la corrupción.

Ayer los medios informaron que Juan Manuel Carreras “convoca a la sociedad a luchar contra la corrupción”, lo que llevó a interesantes discusiones en redes sociales. Frente a la oportunidad de que sea un cambio que implique desmarcarse del gobierno actual, en lugar de la supuesta continuidad con la que se ataca al candidato, se planteó el requerimiento de “despolitizar” organismos como la PGJE, la ASE, la Contraloría y la Cegaip, al igual que la improbabilidad de que el priismo haga algo serio en este tema pues “cada elección se comprometen a ello y no lo cumplen”. Habría que ver, claro, si la sociedad lo puede impulsar y lograr con cualquier gobierno.

Todo lo anterior se asocia a ángulos que deben incrementar la competencia y facilitar que quien gane, pueda tener mayor legitimidad con mejores perspectivas de gobernar a partir de convocatorias eficaces a los actores y sectores más significativos del estado y del país. Digo, ojalá ¿no?

* DE “UNA QUERELLA ENTRE el texto que llamamos literario y el informativo” nos da cuenta Juan José Millás (EL PAÍS SEMANAL, 26/IV) al destacar algo que recuerda mis dos anteriores artículos en este espacio de PULSO: “Hay quien coloca una frontera intransitable entre ambos y hay quien la reduce a una línea imperceptible. Pero si de lo que se trata es de tomar partido, conviene manejarse con ejemplos prácticos. ‘Un día de trabajo’, el célebre texto de Truman Capote, ¿qué es, un cuento o un reportaje? Personalmente (de qué otro modo, si no) lo leería como un reportaje si arriba pusiera reportaje o como un cuento si arriba pusiera cuento. He ahí un caso en el que los límites se confunden. Los hay a decenas,…”.

A veces, claro, la realidad supera la imaginación. Pero las lecciones contra la soberbia y la insensibilidad tienden a ser monstruosas.

* MIS FELICITACIONES A ARTURO Meade en su cumpledécadas hoy, al igual que a Juan Manuel Carreras por su cumpleaños ayer viernes.

cpgeneral@gmail.com

@cpgarcieral

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