P or el fuerte sentimiento de pérdida irreparable todavía muy reciente y por el entrañable homenaje póstumo que se le rindió el pasado miércoles en el Palacio Nacional a mi querido sobrino Alonso Lujambio, decidí dedicaréste espacio a su recordación. Entre quienes hicieron uso de la palabra ese día, estuvieron personalidades distinguidas que compartieron con él responsabilidades públicas en el IFE, en el IFAI y en la Sría. de Educación Pública que dieron testimonio de su recta conducta y su entrega al servicio del país y a la construcción de mayores espacios democráticos; pero las intervenciones de su viuda, Teresa Toca y del presidente Felipe Calderón, fueron verdaderamente emotivas, recordando algunos de los momentos yrasgos de su vida y de su carácter que lo definen como un hombre de valores y virtudes,que luchó tesoneramente por las mejores causas dela democracia en éste país. La muerte prematura de Alonso, a los 50 años, después de una larga y valiente lucha contra el mieloma múltiple el pasado día 25 De septiembre, dio lugar a una inusitada cantidadde muestras públicas de aprecio sincero de muchos, tal vez de todos, los sectores sociales, políticos y económicos de éste país. Al día siguiente de su muerte, casi todos los periódicos de circulación nacional llenaron sus páginas de esquelas provenientes de los partidos políticos, de muchas instituciones públicas en las que prestó servicio, de las universidades en las que impartió cátedra muchos años,de la presidencia de la república, de las dos cámaras del congreso federal, de los gobernadores de muchos estados del país, todas expresando su pésame. Articulistas y politólogos e intelectuales, mostraron también su condolencia. Empresas y empresarios distinguidos. La gente que lo trató de cerca, sus homólogos en las distintas instituciones en que sirvió, lo definen como un estudioso serio de la ciencia política, que en sus palabras y en sus actos demostraba genuina congruencia y profundo conocimiento de la historia y de la estructura de los sistemas democráticos y parlamentarios en muchas partes del mundo. Y ahí están como testigos y receptores de la semilla del conocimiento político, muchas generaciones de alumnos, jóvenes politólogos, que lo recuerdan con cariño y respeto a pesar de haber sido un profesor exigente, que tienen sólida formación democrática y que cada día están más cerca de aplicar sus enseñanzas.
Y, surge la pregunta: ¿Porqué se ha dado éste sorprendente alud, sin precedentes (que yo recuerde), de expresiones de reconocimiento y aprecio ante la muerte de un servidor público? Para mí la respuesta es simple: por su congruencia, por su integridad personal, por su trato afable, por el respeto que mostraba a toda persona, sin importar su condición social, económica o política. Se ganaba la voluntad de sus interlocutores por sus argumentos sólidos, por su poder de convencimiento, por su carisma y por qué no decirlo?, también por su agradable y pulcra personalidad.
Ya se han escrito muchas páginas que dan cuenta de su biografía con amplio detalle, en las que se relatan pasajes de su vida desde niño, de su conducta de muchacho travieso y difícil para algunos de sus maestros y de como al ir madurando, empezó estudios profesionales de medicina que luego cambió a contaduría pública, hasta que se decidió por su verdadera vocación, la carrera de ciencias sociales en el ITAM en donde llegó a ser director de la licenciatura en Ciencia Política a la que dedicó muchos años de su fructífera vida.Entregó todo su esfuerzo y talento a servir con genuino amor a México y a su concepto del cumplimiento del deber. Primero en el IFE, (1996-2003) como consejero ciudadano, cuando presidía José Woldemberg el Consejo General, y se sostenía a capa y espada su naturaleza como institución ciudadana, después en el IFAI (Instituto Federal de Acceso a la Información Pública), en donde, como presidente, desempeñó un papel decisivo para implantar en el país y en la legislación, el derecho que tienen los ciudadanos a conocer toda la información que se maneja en los gobiernos en sus tres niveles, en el federal y en el de los estados, y municipios. Éste derecho que hoy en día está consagrado en las leyes, es un avance irreversible en la evolución democrática del país, que permite que los ciudadanos podamos empezar a exigir a los funcionarios públicos en todo el país, información verídica sobre sus actos.
Habría mucho más que decir sobre la vida, el trabajo, y las acciones que emprendió en los cargos públicos que desempeñó. Por ejemplo las duras multas que impuso al PRI primero y al PAN después, por el financiamiento ilegal de sus respectivas campañas a la presidencia en el año 2000, por el escandaloso fraude al erario público del PEMEXGATE, cuando la secretaría de Hacienda entregó al sindicato petrolero 1500 millones de pesos, supuesta mente para apoyos al sindicato, el cual los depositó en su cuenta de cheques en un banco de la ciudad de Houston, Texas, para, en burda maniobra, triangular los recursos y entregarlos finalmente al PRI, para la campaña de Fco. Labastida. Alonso, que en aquél entonces presidía en el IFE la Comisión de Vigilancia a los partidos, a pesar de durísimas presiones que enfrentó, aplicó la ley y obligó a ése partido a cubrir la multa que por ley le impuso, con el consiguiente alud de críticas de los principales medios domesticados. Pero él se mantuvo firme. Pocos meses después, y con motivo de los manejos financieros de Amigos de Fox, se comprobó que el PAN había recibido recursos no establecidos en la ley, motivo por el cual el Comisionado del IFE, Alonso, le impuso una sanción de más de 800 millones de pesos a éste partido, a pesar de las agresivas protestas de sus directivos. Eso, es lo que se llama cumplir la Ley, eso es valor civil, es carácter e integridad personal. Se imagina usted, lo que habrán hecho ésos partidos para evitar las sanciones? Todo lo habido y por haber, hasta tratar de aplicar los métodos peores de la corrupción. Alonso no cedió y las multas fueron pagadas.
Quienes se atreven a señalarlo de mal manejo financiero en la Estela de Luz, no tienen ni la menor idea de quién era él. Están muy cerca del fango y no pueden entender la integridad y la rectitud en un funcionario de ésa calidad.No sé si hubo mal manejo en ése cuestionado proyecto, o si se rebasó indebidamente el presupuesto original, pero sí sé que cuando Alonso aceptó la responsabilidad de los festejos del Bicentenario, ése proyecto ya estaba muy avanzado en sus etapas y las variaciones del costo de ninguna manera le pueden ser atribuidas.
Al terminar sus estudios para el doctorado en ciencias políticas en la Universidad de Yale, en EUA, lo invitaron distintas instituciones a permanecer allá y obtener la nacionalidad norteamericana, pero Alonso no se había preparado para servir a la sociedad de aquél país, el quería servir a su país, México, para ofrecer sus conocimientos, su capacidad y su entrega al servicio y a la construcción democrática de su propia patria. Si alguien de los lectores quisieran ampliar su conocimiento del trabajo de Alonso pueden consultar sus obras más conocidas: “La Democracia Indispensable” (El Equilibrista, 2010); ¿Democratización Vía Federalismo? La Historia de una Estrategia Difícil. Fundación Rafael Preciado Hernández, 2006; “ El Caso mexicano en perspectiva histórica y comparada (Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 2001; El Poder Compartido. Un ensayo sobre la Democratización Mexicana, (Oceano 2000), etc. etc.
Cualquiera que lea sus libros, podrá entender que la mente y el espíritu de Alonso Lujambio estaban muy lejos de laconcupiscencia del poder y del dinero. Su espíritu y su atención se concentraban en la democratización de éste país. En su familia, que es la mía también, nunca rendimos tributo al dinero. La dignidad personal, el respeto propio y el respeto a los demás,los principios y los valores del espíritu, fueron y siguen siendo los que prevalecen como forma de vida.
Creo que por todo ello y por mucho más, la ausencia definitiva de Alonso deja un enorme vacío no solo a su familia sino también al país. Por designio insondable de Dios, fue llamado a su presencia. . . . . .Pero, lo que sembró, dará fruto. No tengo duda.¡Ya descansa en paz !
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