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jueves 9 de abril de 2026

Parábola de las ranas

Las ranas son animalitos bastantes referidos en varias narraciones populares breves y simbólicas conocidas como parábolas y de las que es posible sacar enseñanzas morales […]

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Las ranas son animalitos bastantes referidos en varias narraciones populares breves y simbólicas conocidas como parábolas y de las que es posible sacar enseñanzas morales aplicables al comportamiento humano. Una de las más conocidas es la del curioso comportamiento experimental de unas ranas que tocaban con sus patitas unas barras de metal que, a su vez, activaban unos electrodos a su parte cerebral relacionada con el placer, de tal manera que cada que podían mover sus patas obtenían descargas placenteras, al grado que cuando una cuchilla les cortaba las extremidades, seguían moviéndose buscando activar las barras de metal. Algo así podría ser aplicado al curioso comportamiento de cierta clase política que, acostumbrada a los placeres y excesos que conlleva el abuso de la función pública, siguen queriendo mover los hilos de la corrupción aún y cuando ya les hayan cortado las patitas. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que el poder es una medicina que enferma hasta al más sano de los mortales y si se trata de un “poder absoluto” entonces “corrompe absolutamente”, según la célebre frase de Lord Acton.

El caso del escándalo desatado en la actual legislatura potosina, luego de los graves señalamientos que hiciera un ahora ex-diputado, ilustra bien lo antes planteado. El personaje se regodeó en un poder que le concedió llegar a los más altos cargos directivos del congreso local, pero tal parece que no alcanzó a calibrar las consecuencias de, por lo menos, seguirle la corriente sin tanto “embarradero” a un alcalde puesto a exhibir las presuntas presiones de legisladores para limpiar las cuentas públicas municipales. La historia que ha seguido el curso de este asunto es harto conocida: la tenaz resistencia a dejar un cargo público para que se hagan las investigaciones pertinentes y se deslinden responsabilidades, excepto cuando ya se ha escalado a niveles de amplio enojo social y vergonzosa difusión en el plano nacional. Pero como ya se ha llegado a extremos de auténtico lodazal, no es de extrañar que la serie de “embarres” siga su curso y salgan a relucir más lances de unos diputados contra otros, al fin que la prioridad no es ya salvar el presente de una institución sino el brinco de las ranas a un futuro (en)cargo.

Pero hay otra parábola de las ranas muy conocida y es la que refiere el caso de la rana que se comporta de una manera distinta cuando es colocada en un recipiente con agua hirviendo, y otra cuando es colocada en un recipiente con agua a fuego lento. Resulta que en el primer caso, con el agua hirviendo, la rana saltará de inmediato al sentir el impacto del fuerte calor; en tanto que, con el agua a fuego lento, permanecerá pasiva hasta que esté bien cocida para servir de alimento. Pues allí tienen que, siguiendo con el escándalo político del momento, algunos diputados se comportan como esas personas que, como luego se dice, ven la tempestad y no se hincan. En lugar de saltar de inmediato como las ranas que perciben al agua hirviendo, prefieren quemarse a fuego lento. Algo así se pudo apreciar en las imágenes que retrataron los pormenores de la fallida sesión del congreso local en Ciudad Valles, cuando a pesar de los airados reclamos de ciudadanos molestos hasta por la simple presencia de los diputados, insistían éstos en seguir hablando y, peor tantito, preguntando que si ese era el sentir de la generalidad de los allí presentes.

Para terminar de cuadrar el cúmulo de comportamientos erráticos en el caso del congreso potosino, no faltó que se ofreciera castigar el grado de protesta alcanzado, como si se tratara de graves delitos políticos perpetrados por ciudadanos que, únicamente, según consta en las diversas crónicas periodísticas que dieron cuenta de los hechos, reivindicaron su derecho a no permitir que se verificara en su tierra un show más de la ya larga serie a que nos han acostumbrado. En suma, como luego se dice, tal parece que no se han percatado que los ciudadanos potosinos son como el atole: tarda para calentarse, pero luego tarda para enfriarse. Pero en fin, parábolas aparte, lo cierto es que la corrupción es un mal endémico que parece haber llegado a límites intolerables y la sociedad mexicana parece estar despertando de su letargo, exigiendo que se ponga un alto y se tomen medidas que impidan se siga perpetrando el asalto en despoblado de servidores públicos venales. Sin embargo, mientras no se barran las escaleras “de arriba abajo” y se sigan sacrificando chivillos expiatorios de menor calado, las cosas seguirán caminando a tumbos en el mejor de los casos. Cómo andarán las cosas que ya hasta la propia Iglesia católica anuncia que “la Santa Sede analiza la viabilidad para aplicar la ex-comunión a los políticos corruptos” (en “El Universal”, 26 de junio de 2017), a efecto de “que haya consecuencias morales, además de las ejercidas por la ley”. Ahí nomás.

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