Hace poco me enteré qué quiere decir esa palabra en el título y creo que resulta útil para ciertos fines. Viene a ser una figura literaria que combina, en una misma palabra o expresión, dos términos de significado opuesto o contradictorio.
Tal vez se entienda mejor con algunos ejemplos: altibajo; calma tensa; tragicomedia; sonidos del silencio; agridulce; verdad mentirosa; claroscuro; secreto a voces; melodrama; humilde grandeza… ¿De acuerdo? Y, claro, varios serían retórica pero hay casos de mayor alcance.
Miren ustedes. El añejo pero incitante “destape” de José Antonio Meade, abre perspectivas mejores para unos y nada buenas para otros en función de sus simpatías por partidos y personas. Igual, se alternan hoy los elogios más risibles o serviles con los ataques más tontos e insultantes.
La nominación del presidente a favor de su Secretario de Hacienda, es real aunque también simbólica… La candidatura no incluye ya lo de antes (¡la presidencia!), pero le sirve al PRI para darse ánimos y esperanzas. Se vale, pienso yo, pues para ser un ganador, primero hay que parecerlo.
Los mayores desafíos del PRI tienen que ver con los ciudadanos y las legislaciones. Pero, en la opinión de este escribano, no podían haber encontrado mejor candidato hacia fuera del partido… lo interno es otra cosa, y la práctica unidad ayuda ahora a JAM y su perspectiva partidaria.
Como veíamos aquí (El fin del PRI, 2/IX/2017), Meade es un individuo eficaz y experimentado, además de aceptable para panistas, apartidistas e independientes. Que no parezca priista sería un defecto para unos cuantos, pero una virtud para muchos otros… sobre todo, entre quienes buscan opciones ante lo peor.
Hoy, fíjense, escucho que el elegido no es un hombre de partido, sino un “hombre de Estado”. Suena excesivo, si bien en este caso sólo significaría capacidad para actuar con cierta autonomía de los partidos y sin grandes diferencias entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Es tiempo de sumar, por supuesto. En forma gradual, sin embargo, el candidato del PRI podrá alejarse de un gobierno tan cuestionado e impopular… si quiere ganar la elección, claro, al marcar distancia con sus compromisos de eficacia y cambio ante ineptitudes y actos de corrupción. El intuitivo Peña Nieto deberá entenderlo y aceptarlo, así sea a regañadientes.
Bien, es muy improbable que vaya a criticar o amenazar a EPN como quisieran algunos antipriistas o antipeñistas. Pero, ojo, tiene que deslindarse ya de exgobernadores del tipo de Javier Duarte, Roberto Borge o Humberto Moreira y, en su momento, de varios funcionarios y legisladores.
En cuanto a su amigo de toda la vida, Luis Videgaray, no es lógico ni sencillo que se aleje de él pero puede ser un peligro a partir de sus torpezas (ya le daba el beso del diablo). Ambos son inteligentes, aunque en el fondo resultan distintos… quizá cierta altivez de LV lo lleva a confiarse y equivocarse. Eso sí, por encima de la cercanía, deben estar las razones de Estado.
En fin, el oxímoron que quiero destacar aquí es el de “los héroes de la traición”. En un reciente artículo, Javier Cercas (autor de grandes libros) habla de ‘Los villanos de la lealtad’: “Estamos acostumbrados a pensar que la lealtad es una virtud, y lo es, pero hay momentos en que es más noble, más valiente y más virtuosa la traición” (El País, 18/XI).
Señala que para resolver la bronca del indepentismo en Cataluña, sería necesario que uno de sus líderes les hiciera ver que todo ello ha sido un error amasado con mentiras, y que en la democracia hay vías para su aspiración si se justifican los medios.
Ya sin Franco, en 1976 el Rey nombró presidente a Adolfo Suárez… un franquista de carrera que fue acogido por su gente porque iba a darles décadas de franquismo. En vez de eso Suárez desmontó el régimen, convocó elecciones y puso las bases de la democracia. Nunca se lo perdonaron y para ellos se volvió el gran traidor, pero esa traición dio origen a una mejor España.
El histórico Suárez tuvo el valor y la lucidez de no caer en la villanía de la lealtad. Y JC se pregunta si ante las próximas elecciones catalanas habrá un líder independentista que haga lo mismo y los salve.
En México, se confirman hoy las dificultades que avistan las diversas opciones para ganar en 2018. El camino menos complicado parecería el del agresivo AMLO, aun con los mayores negativos. El menos fácil sería el del mejor candidato en un partido cuya fuerza se ha diluido a partir de fallas y malos gobiernos en su prolongada existencia.
Este, del PRI, supone continuidad en no pocos frentes, al igual que cambios ineludibles en otros como anticorrupción; seguridad y prevención; efectividad del gasto… lo que es evidente con encuestas (Reforma, 1/XII) o sin ellas. Y ante los rijosos, el candidato “oficial” apenas empieza a darse a conocer.
Todo depende de lo que vendrá… Con apoyos claros y una imagen que le conviene al priismo, Meade va remontando obstáculos internos y por ahora tiene que asumir inercias y defectos, si bien de manera progresiva deberá ofrecerle a la sociedad cambios creíbles hacia escenarios distintos.
Digamos, los priistas duros o los feligreses de Morena aceptan lo que sea, pero se necesitarán muchos otros votos. Y, bueno, JAM (con 5 días de precandidato del PRI) arranca bastante abajo de AMLO y sus más de 15 años en campaña, lo cual se irá atenuando.
EPN y el ritual de destape representan el México del pasado, en tanto que el candidato que estaba medio tapado podría encarnar un futuro bien distinto. A su vez, recordemos que en el sector público es fundamental la lealtad a quien nos designa, si bien eso puede tener alguna salvedad muy delimitada en un caso extremo. Ni modo, el país debe estar por encima de las personas y los partidos.
La lealtad es el cemento de la unidad o la protección mutua, que en el ejército y entre los amafiados viene a ser el “espíritu de cuerpo”… cubrirse unos a otros. Pero la gratitud, la amistad o el parentesco difícilmente habrán de prevalecer sobre las exigencias del posible triunfo y la posterior gobernabilidad. No todo es publicidad e imagen, pues igual existen hechos.
Sin deslindes, un candidato se hermana con corruptos y cae en la complicidad. Espero, así, que a quienes se pudieran sentir traicionados les compense un poco que esa “deslealtad” era tal vez la única forma de salvar el país.
* HUMILDE GRANDEZA LA DEL genio de la ética y la filosofía, Fernando Savater, en la FIL de Guadalajara: “Soy una persona sin importancia, que se ha dedicado a las cosas importantes”.
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