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Miguel R. Valladares García

sábado 4 de abril de 2026

No tan buen presagio

Anoche empezaba a leer notas sobre la ya próxima designación de quien podrán llamar “zar anti-corrupción”: el o la titular del nuevo Sistema Nacional (SNA) […]

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Anoche empezaba a leer notas sobre la ya próxima designación de quien podrán llamar “zar anti-corrupción”: el o la titular del nuevo Sistema Nacional (SNA) en el que tanto tiempo se invirtió y perdió por las fallas o resistencias de senadores y diputados, sobre todo verdes y priistas sin prisa ni interés presidencial, aunque otros no se quedan muy atrás.

Bueno, tras unos 25 años de conocer y estudiar problemas y posibles soluciones en casos concretos de personas e instituciones atrapadas por la corrupción, puedo asegurarles que el SNA no es la gran respuesta para nuestro país pero tampoco tiene que ser la negación de la salida histórica que requerimos. Se ha alcanzado un avance muy significativo, aunque es probable que esta cruzada corra la misma suerte que las esperanzadoras —y luego disminuidas—reformas del presente sexenio. Es, de nuevo, algo inédito e indispensable, si bien todavía queda mucho que ver en la práctica.

Sin meternos ahora a detalles de lo que se ha avanzado o lo que viene, ni a diversas preguntas relevantes (Edna Jaime, México Evalúa, El Universal, 1/VIII) que demandan respuestas puntuales, me concentro aquí en el peculiar perfil de quien tendrá que ser seleccionado para encabezar la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción.

De entrada, miren, la palabra zar se usa de manera figurativa para referirse a quien ejerce gran poder y actúa como autócrata, pero en el SNA difícilmente será el caso en los hechos ni tampoco eso daría legitimidad en una democracia de contrapesos y estado de derecho.

Resulta evidente que se requiere i) un abogado honesto con ii) formación robusta, iii) experiencia probada y iv) clara responsabilidad, al igual que con v) capacidad de trabajo y vi) antecedentes de eficacia a partir de vii) talento, viii) liderazgo y ix) seguridad en sí mismo. Desde el primer punto tan sencillo, todo se va complicando al ascender en la numeración y podemos pensarle un poco a lo que debe buscarse o evadirse en estos casos (lo ineludible, pues, o las debilidades inaceptables). Se trata, creo yo, de no darle demasiadas vueltas a una selección cuidadosa entre candidatos muy sólidos… y evitar mayores desgastes en un proceso que entrañará intereses políticos y criminales.

A continuación, ojo, van varios puntos que podrán complementar los más obvios que habrían quedado establecidos en la legislación correspondiente:

1. Aunque se procure que el aspirante no haya participado en actividades gubernamentales de ningún partido, será invaluable el conocimiento que hubiera obtenido desde cerca —o dentro— sobre la dinámica de los delitos que va a combatir directamente.

2. No estará de más que cuente también con cierta capacidad para desarrollar estratagemas de “artimañas contra artimañas” e intencionados esquemas multidisciplinarios, a la vez que deberá alejarse de obsesiones y animadversiones en contra de la política y los políticos.

3. Tendrá que entender muy bien la caracterización de los crímenes económicos (en los cuales se incentivan o inhiben intereses y conductas), tal como lo ha planteado Eduardo Bohórquez de Transparencia Mexicana.

4. Será esencial que pueda construir una buena relación personal y política con otras instancias, sobre todo a partir del Comité Coordinador del SNA.

5. No deberá angustiarle tanto la posibilidad de presiones e incluso atentados contra su vida o la de su familia.

Ante demasiados problemas y obstáculos para solventarlos, el columnista René Delgado nos recuerda que cuando no se dan las condiciones para algo, se tienen que construir (Reforma, 6/VIII). Desde un inicio habrá que conseguir lo que parece imposible, digamos. Y, claro, luego alcanzar más.

Aunque nunca van a encontrar al individuo ideal, se debe tender a lo mejor y será crucial evitar el tipo de omisiones que se dejan ver en este breve texto. Si algunos puntos no los cubre determinada persona (acreditar más de un requisito puede significar menos de otro), vendrá al caso que los adquiera por distintas vías antes y después de iniciar en el cargo.

En fin, recordemos que en México una mayor transparencia ya se ha visto asociada a incrementos en la corrupción. Y, ojo, que si no hay convicción y voluntad desde el más alto nivel, poco se va a lograr con o sin sistemas y comités. ¿Cómo podremos evitar más fracasos…?

* A PARTIR DE MI apuesta del artículo anterior en el sentido de que el señor Trump no será presidente de su país, me han hecho llegar algunas posturas similares pero ninguna en contra. Un experto confirma que “Trump no llegará… a menos de que algo muy grave ocurriera justo antes de la elección, un desastre del tipo del ataque del 9-11”. Igual, el que coincide en que Trump no va ser presidente y añade “voy más allá, pienso que no va a llegar al día de las votaciones, pues su partido lo va a sustituir por otro candidato. Amlo tampoco será presidente… Al tiempo”.

Estos países, al parecer, no van a tener las elecciones “normales” de décadas anteriores. Buscaremos “lo menos peor” entre sustos y variantes… de hecho o de derecho. Y, bueno, acá preocupan más los nombres de precandidatos en vez de los graves problemas que amenazan el cierre del sexenio federal y los mismos procesos electorales, o hasta la sobrevivencia del actual sistema político. Nada está garantizado, oigan, y ante tales peligros se van a requerir muchos aciertos y acuerdos, con acciones decisivas.

* TEÓFILO TORRES, MI HERMANO de la infancia, me inspira al escucharlo bien como siempre. Es el mismo que tanto queremos y respetamos sus numerosos amigos.

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