Los adversos resultados para el PRI en la elección del pasado domingo fueron el desmentido más cruel de eso que Enrique Peña Nieto llama el “mal humor social” de los mexicanos. De 12 gubernaturas en disputa, solo pudieron ganar 5, las que perdieron eran un arcón apetecible del botín en disputa. Perdieron la joya demográfica de Veracruz, la esmeralda geográfica de Tamaulipas, el rubí rebelde de Chihuahua, las esperadas lapislázulis de Aguascalientes y Puebla, y las perlas inesperadas de Durango y Quintana Roo.
Genio y figura hasta la sepultura, hasta donde el estado de coma se los permitió, el priísmo nacional comenzó a hilvanar una fantástica explicación sobre su aplastante derrota: las iniciativas presidenciales para legalizar el uso de la marihuana y el reconocimiento constitucional de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Según sus complacientes teorías, la Casa Blanca, el desorbitado precio del dólar, las miles de ejecuciones, los asesinatos de periodistas, las desapariciones, su rotundo boicot a la #3de3, la crisis económica, Ayotzinapa, los gazapos verbales del esposo de La Gaviota, y el azote de sus sátrapas virreinales (goberladrones), nada tuvieron que ver para condicionar el repudio de los electores.
Peor para el PRI si sigue siendo incapaz de mirarse al espejo con franqueza. La altísima factura de agravios que la ciudadanía le pasó al partido del gobierno, no es privativa de nadie. Tiene que ver con el desastre de tener entre sus filas al presidente con peor percepción ciudadana de la historia y a los vergonzosos ejemplares de la peor época del autoritarismo priísta: los indiciados por sus relaciones con el narco Manuel Cavazos, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández; los epígonos de dictador bananero Fidel Herrera y César Duarte; los endeudarores nivel Dios que son los Moreira; y los nuevos multimillonarios que son los Duarte.
Algo ha cambiado en los procesos electorales, la ciudadanía está ocultando su verdadera intención electoral porque las encuestas (prácticamente todas), fallaron a la hora de pronosticar estos resultados que no esperaba ni el panista más optimista. Es ya mítica la reunión que tuvieron los secretarios de estado y la incapacidad de explicarle al destemplado presidente qué demonios había ocurrido. Nadie se atrevió a decirle que el costo de cerrar los ojos a todas las denuncias de corrupción puso a los mexicanos no de “mal humor”, sino hasta la madre y he ahí las consecuencias.
En el caso del PAN, vencedor aritmético y de percepción del pasado proceso electoral, vale la pena reparar en las claves que a contrasentido de su habitual forma de procesar decisiones significaron un golpe de timón que arrojó los resultados ya conocidos. En primer lugar es necesario precisar que el modelo Anaya (que ya se había probado en el proceso electoral de 2015 en Querétaro) incluyó que todos los candidatos fueron designados (evitando el oneroso costo de la fractura interna); además, hubo alianzas con el PRD (satanizadas por el PRI y sus medios cuyo objetivo era justamente evitar el desastre electoral que ahora padecen); la postulación de candidatos con mucha experiencia (varios ya habían sido candidatos a gobernadores sin éxito en otros procesos electorales); y la generación de acuerdos políticos en los que cupieron todos (recuerden la durísima elección Anaya vs. Corral que se resolvió con la salida política que a todos nos consta).
Tampoco puede soslayarse que a pesar de los ácidos cuestionamientos a la reforma electoral, que entre otros aspectos le quitó el control de las instituciones electorales locales a los gober-virreyes, estos tuvieron la libertad suficiente para conducir procesos electorales relativamente aceptables pero con poco margen para la manipulación política. Otras secuelas de los resultados electorales fueron la derrota rotunda de los “Broncos” (candidatos independientes) y el fortalecimiento de las candidaturas partidistas opositoras; la nueva composición electoral del país que incluye que San Luis Potosí quede ahora rodeado de vecinos azules (Veracruz, Aguascalientes, Tamaulipas, Querétaro); y que el PAN se convierte en la opción no priísta más competitiva rumbo al 2018.
No se engañen: ¡No es la mota, es la ratota!
LAPSUS
* “Mi principal logro, creo que es, venir a coordinar todos los esfuerzos que tenemos nosotros que pues eh, de alguna manera son reducidos, es lo que se está buscando incrementar todos esos recursos (sic), que no tiene el estado y que nosotros buscamos coordinarnos de la mejor manera posible con todas las autoridades federales y municipales eh, todas fuerzas de seguridad pública que son del estado, y lograr los mejores (sic), el mejor servicio a la ciudadanía, ¿sí?”.
Secretario de Seguridad Pública Arturo Gutiérrez García, respondiendo a la pregunta: ¿Cuál sería el principal logro al frente de la corporación que hoy le permite mantenerse en el cargo? En estos tiempos de tanto cinismo, se agradece la sinceridad del principal responsable de la crisis de seguridad pública en la que vivimos los potosinos, quien ante la cruda realidad de ejecuciones, desapariciones y robos con violencia responde diciendo que su “tabla de salvación” ha sido coordinación, coordinación, y más coordinación. Confiemos en que algún día su estrategia de gimnasia rítmica sincronizada dará resultados. Lo que no tiene desperdicio es su expresión “vine”, dejando claro (por si alguien todavía tenía peregrina duda) que el espiritual y tamaulipeco funcionario nos sigue viendo como tribu colonizable. Finalmente, suscribo en todos sus términos que los “recursos que tiene el estado (el nuestro, no el del secretario) son reducidos”, ¡ni cómo contradecirlo! Aquí hay muy poquito gobernador, por ejemplo.
* “Seguiremos trabajando en materia de seguridad pública”.
Juan Manuel Carreras López gobernador del estado amenazando con continuar su política de inseguridad pública, la cual ha provocado entre otros saldos devastadores, la muerte de tres personas a manos de policías estatales. Ya no siga “trabajando” gober, ande que le cuesta, nada más denos un respirito, ande que le cuesta, diga que sí, diga que sí, ande, ¿siiiiii?
* “Como gobernante he estado sujeto al escrutinio y juicio de la sociedad. He valorado la crítica que ha permitido avanzar y crecer a nuestro estado”.
Gobernador saliente del estado de Veracruz Javier Duarte de Ochoa, dirigiendo un discurso postelectoral al pueblo veracruzano en el que no envía un mensaje de concordia, tampoco de arrepentimiento, y menos de contrición, sino esencialmente, uno en el que atiza su guerra verbal en contra del gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares a quien habrá de entregar la titularidad del Poder Ejecutivo el próximo 1 de diciembre. Alguien debería avisarle a Duarte que el “escrutinio público” del pueblo veracruzano ya se expresó en las urnas y que en testimonio de agradecimiento por sus heroicos servicios como gobernador, le van pagar unas vacaciones de por vida y todo pagado a las Islas Marías. ¡Se va a rayar!
Twitter @OSWALDORIOSM





