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Miguel R. Valladares García

miércoles 8 de abril de 2026

(In)seguros

Me doy cuenta de que son cada vez más aterradores los datos del desbordamiento de la inseguridad a nivel nacional y estatal. No tiene caso […]

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Me doy cuenta de que son cada vez más aterradores los datos del desbordamiento de la inseguridad a nivel nacional y estatal. No tiene caso desmenuzarlos aquí y baste señalar que el 2017 será el peor año de esta historia que estamos viviendo (excepciones a “la maldición”: Yucatán, Campeche, Coahuila…).

Si nos fijamos, resultan deplorables las estadísticas de San Luis Potosí y de México en su conjunto. Con sus últimas cifras mensuales, el Sistema Nacional de Seguridad Pública precisa que los homicidios dolosos se han disparado en Soledad, San Luis y Matehuala, lo que para el estado representa un aumento de 116% entre enero-septiembre del 2015 y el mismo período del 2017.

Miren, se podrán buscar comparaciones que se vean menos mal, pero eso no quita que en lesiones y robos patrimoniales resaltan los incrementos de Soledad y la capital, mientras que en violaciones los aumentos más graves afectan a Matehuala, Ciudad Valles y Rioverde. En cuanto a secuestros, eran cero en los primeros 9 meses de 1997, 3 en 2007 y 21 en 2017, siempre con el mayor número en la capital aunque este año ya se han registrado en 12 municipios (Pulso, 26/X).

De acuerdo al INEGI en su última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), la percepción de inseguridad se ha elevado a 76% de la población en 2017, por encima del año anterior. Un 85% de los habitantes de la capital del estado la sienten insegura… bastante más cerca de las peores ciudades (Villahermosa 98%) que de las mejores (Mérida 27%). A su vez, esta percepción viene a ser mayor entre las mujeres (80%) que los hombres (71%).

De los mexicanos que consideran el grado de efectividad de diversas corporaciones en la prevención y el combate de la delincuencia, la evaluación en promedio al último trimestre arrojó 87% para la Marina, 85% el Ejercito, 73% la Gendarmería, 65% la Policía Federal, 50% la Policía Estatal y 40% la Policía Preventiva Municipal.

En general el Estado mexicano ha sido incapaz de responder a los desafíos de la inseguridad, lo cual se asocia a insuficiencias del Estado de Derecho entre tanta corrupción e impunidad. Pero, ojo, también la desigualdad se vuelve mortal en estos casos (The New York Times

IW, 14/X).

Acá y en China, la prioridad es enfrentar la pobreza más que la desigualdad, si bien los ricos y poderosos han estado comprando seguridad por medios legales e ilegales. Se rompe así un pacto social en el que la protección sería compartida y mantenida entre todos, pero ahora —digamos— un indicador es que del 2013 al 2015 se triplicó el número de empresas de seguridad privada en el país.

“A medida que las clases poderosas se hacen menos dependientes del Estado para la seguridad, ha disminuido la presión política para combatir el crimen o reformar a la policía”. Igual, muros invisibles se levantan entre Garza García y Monterrey, o entre Santa Fe y la Ciudad de México.

Sobre estos temas, se dice que hay una falta de gobierno, pero “también falta de ciudadanía”: un déficit de solidaridad de alguien privilegiado (que resuelve su problema) con respecto a los demás. Parece incluso que ciertos políticos bien resguardados ni siquiera se dan cuenta de lo que mucha gente está sufriendo… y, oigan, las constantes negaciones no ayudan.

Los pobres, en forma similar, tienden a crear sus propias fuerzas voluntarias o inclusive recurren a los linchamientos. Se genera así una creciente descomposición social e institucional con sus riesgos.

Aquí, claro, su (in)seguro servidor coincide en que las autoridades estatales y municipales “se hacen” y agravan las cosas con sus omisiones. La elusión tal vez busca tapar errores pasados, pero si acaso sirve para indignar y angustiar a los ciudadanos que se sienten engañados y más desprotegidos.

* A LO POLÍTICO EN la columna anterior, debo añadir que el partido en el poder nomás no entiende de límites para tratar de retenerlo, y eso afecta mucho… precisamente, cuando lo que más necesitamos

es un auténtico Estado de Derecho en el que se abatan la impunidad y la inseguridad.

Los demás partidos se han corrompido y se han adaptado al viejo PRI, en lugar de que éste se aviniera a una competencia más limpia y pareja. Por su parte, tras 20 años de campaña y todavía de candidato único, AMLO encabeza hoy las encuestas a pesar de que un 70% del electorado esté en su contra. Con todo, bien podría ganar porque se le ve como una alternativa real.

Bueno, aunque sea austero, es una desgracia que en realidad su opción no resulte progresista o de futuro, pues viene a ser de lo más retardatario y reaccionario. ¿Cómo llegamos aquí? Y ¿cómo vamos a salir, si la pobreza no se va a reducir con dádivas asistencialistas sino por medio de inversiones y empleos? A su vez, se insiste, la democracia y el progreso económico son incompatibles con la demagogia, la corrupción y, su adorada hermana, la inseguridad.

* DE LECTORAS Y LECTORES, quizá como tú, un servidor deriva guías o sugerencias no sólo para escribir artículos (que me agobian —y entretienen— cada semana), sino también para opinar en cafés, clubes o cantinas. Eso sí, a la mejor tenemos que actuar ya. Distingo aquí a ellas de ellos porque, aparte de que esto no siempre es redundante ni destroza o alarga tanto el idioma, destacan las opiniones de las mujeres por su frecuencia y sus argumentos, más allá de su amabilidad y generosidad.

Así, pues, lo que más estimula a este textoservidor es que me hayan comentado “recoges las principales preocupaciones de la gente” o “todo esto que usted expresa está en la cabeza de gran parte de los ciudadanos” o “aunque yo lo he perdido, celebro tu optimismo”. ¡Gracias!

En fin, lo sabemos bien, no es lo mismo la opinión pública que “la opinión publicada”, pero a veces trato de seguir —hasta donde tope— lo que inquieta a la mayoría de la gente. Para los opinadores o gobernantes, creo yo, de esta manera es más difícil equivocarse en lo que uno dice o hace.

* EN EL CONGRESO DEL Estado, el extraño y súbito vuelco del adverso descontrol a la reciente unanimidad en designaciones cruciales, podría indicar racionalidad (entendimiento político) o simples pactos de inmunidades. No será lo ideal para muchos, pero ya trae perspectivas menos malas. Veremos, finalmente, si se ejerce el poder… dentro de la Ley.

 

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@cpgarcieral

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