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Miguel R. Valladares García

jueves 2 de abril de 2026

Figuraciones electorales

[gview file=»https://fotos.pulsoslp.mx/wp-content/uploads/2018/01/B07-2.pdf»] El proceso electoral en marcha está todavía en sus prolegómenos. Faltan las piezas más importantes en el tablero: los candidatos; el rompecabezas está […]

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[gview file=»https://fotos.pulsoslp.mx/wp-content/uploads/2018/01/B07-2.pdf»]

El proceso electoral en marcha está todavía en sus prolegómenos. Faltan las piezas más importantes en el tablero: los candidatos; el rompecabezas está incompleto: siguen en curso negociaciones de posibles alianzas, y hay monedas en el aire: algunos prospectos no han decidido. Con todo, hay varios escenarios que comienzan a perfilarse en el horizonte de las elecciones del primero de julio.

De hecho, salvo los aspirantes a la Presidencia de la República que han definido las coaliciones, ningún partido o coalición tiene decididos quiénes serán sus candidatos a senadores, diputados federales y, en nuestro caso, a diputados locales y presidentes municipales. Los partidos, vayan solos o coaligados, tienen todo el mes de febrero y parte de marzo para agotar sus procesos internos y disponer por fin de su lista de abanderados para todos los cargos en juego.

Los plazos fatales establecidos por las leyes y autoridades electorales son: del 11 al 18 de marzo para el registro ante el INE de candidatos a presidente de la República, senadores y diputados federales; del 15 al 21 del mismo mes para inscribir ante el Ceepac a los aspirantes a diputados locales de mayoría relativa, y del 21 al 27 para los candidatos a alcaldes y a diputados plurinominales.

Con algo de sentido de previsión, los elencos completos de candidatos deben estar listos hacia finales de febrero, a fin de disponer de un par de semanas para desahogar posibles impugnaciones a los procesos intrapartidistas. Las campañas federales serán de 90 días (abril, mayo y junio), mientras que las locales durarán 60 días (mayo y junio).

Lo que se vislumbra a la distancia

Sujeto a la identidad final de todos sus candidatos, al nivel de inconformidad que generen sus procesos internos, a la oportunidad y destreza con que se ejecute la “operación cicatriz”, si es qué, y al tamaño de las deserciones, el PRI no tiene por ahora muchos motivos para el optimismo.

Con sentido realista, hoy por hoy las cosas en el tricolor apuntan hacía una pérdida de posiciones y, por lógica, de fuerza política en la entidad. De eso hay pocas dudas, en todo caso la incertidumbre es sobre el tamaño del descalabro. Puede ser uno digamos moderado, que se traduzca en una diputación local y otra federal menos, y perder tres o cuatro alcaldías de municipios de distinto tamaño, como Villa de Reyes y Guadalcázar, y la absoluta imposibilidad de recuperar cualquiera de los grandes hoy en otras manos: la Capital, Soledad o Rioverde.

Actualmente el PRI cuenta formalmente con ocho diputados locales (6 de mayoría y 2 pluris), pero en realidad son nueve, ya que Gerardo Serrano está “prestado” al Verde; gobierna 28 municipios, los más grandes de los cuales son Valles y Matehuala, y acumula 3 diputaciones federales propias más una coaligada con el PVEM.

Así las cosas, en la perspectiva de una derrota no muy severa, el otrora invencible podría quedar en el gobierno de unos 24 ó 25 municipios; con un total de 7 u 8 diputados locales por ambos principios, y solamente 2 diputados federales propios y alguno otro de coalición.

En el otro extremo, el de una debacle mayor, el PRI puede salir de las elecciones del primero de julio con un total de 5 ó 6 diputados locales por ambos principios; dos federales propios y no más de una veintena de alcaldías.

Esto sería trágico para el partido y para el gobernador emanado de sus filas. Con sus 9 legisladores, el PRI es actualmente la minoría más grande en el Congreso, lo cual le permite articular consensos y formar mayorías. Si cae a entre 5 y 7, corre el alto riesgo de que la primera minoría quede en manos de otra formación política, que bien pudiera ser el PRD. Y a sufrir.

El saldo final del proceso electoral en curso para el Revolucionario Institucional dependerá en mucho de que una vez definidas todas sus candidaturas locales, sus dirigencias formal y real tengan capacidad para contener las fugas y trasvases a otros partidos. Esta tarea no se ve fácil, porque por lo menos hasta ahora ha dejado de lado una de sus buenas prácticas de siempre: escuchar a todos los que querían y saber decirles no y por qué a quienes no quedaron, y ofrecerles alguna alternativa.

Junto con malas candidaturas, esa falta de comedimiento con quienes hayan salido perdedores en sus procesos internos es lo que más derrotas y mayor número de votos perdidos le puede costar al PRI.

En resumen: el panorama no es muy halagador para el tricolor, pero puede volverse desastroso por razones imputables a su operación interna, pues son éstas las que más pegan en el famoso voto duro, que cada vez es menor y menos firme.

La sorpresa que puede ser

Uno de los partidos de mayor presencia estatal mandó hacer a finales del año pasado una encuesta para medir las intenciones de voto en un municipio de los más grandes, los resultados dejaron pasmada a su dirigencia. Debo respetar mi compromiso de discreción, así es que diré que el partido de referencia se llama PXZ. Los cuestionarios aplicados en la municipalidad de referencia preguntaban “¿Si hoy fuera la elección de alcalde, por qué partido votaría usted?”. Una mayoría holgada respondió “Por el PXZ”. El resultado fue igual ante la pregunta “¿Si hoy fuera la elección de diputado local, por qué partido votaría?”. Y la historia se repitió -mayorías cómodas para el PXZ- cuando las interrogantes se refirieron a senadores y diputados federales.

Lo sorprendente es que cuando a los encuestados se les planteó la pregunta “¿Si hoy fuera la elección de Presidente de la República, por qué partido votaría usted?”, una mayoría amplia contestó: “Por Andrés Manuel López Obrador”. Así, por el nombre propio. Muy pocos dijeron “Por Morena”.

¿Por qué sorprende tanto este resultado? Porque son pocos los municipios potosinos donde Morena tiene estructura. Es decir, en donde cuenta con una dirigencia conocida; operadores dedicados al proselitismo, oficinas aunque sean modestas, distribución de propaganda o algún programa de eventos que promuevan el voto.

Dicho de otra manera, si alguien se guía objetivamente por la presencia que AMLO o Morena tienen en el territorio de nuestro estado; por su despliegue promocional y activismo perceptible, fácilmente llegaría a la conclusión de que aquí la votación para Andrés Manuel va a ser marginal. Muy bien puede ocurrir que no sea así; que por el contrario, la suma de sufragios que El Peje coseche en San Luis rompa a la alza cualquier cálculo hecho hasta la fecha.

De presentarse este fenómeno, tampoco sería inexplicable ni motivo de muchos quebraderos de cabeza. López Obrador lleva 12 años en campaña; le ha dado varias vueltas a todo el país; desde hace algunos meses ha abandonado su proverbial soberbia y ahora recibe a quien caiga de otros partidos o hasta del SNTE. Sigue marcando en buena medida la agenda de la discusión electoral; se le ve más sonriente, y como alguien dijo recientemente, ha transitado de un fundamentalismo feroz a un pragmatismo crudo y duro.

Habida cuenta de que Morena es un partido con escasos cuatro años de historia y ésta es apenas su segunda participación electoral, es obvio que más allá del arrastre personal de AMLO, su bagaje de intención de voto se ha nutrido principal y fundamentalmente del PRD, al que ha llevado de votaciones que superaban el 20 por ciento a las últimas que a duras penas alcanzan el 8 por ciento. En tales circunstancias, si efectivamente se produce esa gran alza en la votación para Morena y su abanderado, la pregunta obligada es a costa de quién o de quiénes la conseguiría. Si asumimos que al PRD histórico lo desfondó López Obrador hace ya rato y que la versión del Sol Azteca que aquí conocemos es otra cosa llamada gallardismo, mucho me temo que el mordisco mayor se lo va a dar al PRI.

En lo personal, tengo la impresión de que independientemente de que AMLO le pegue una tarascada de votos al PRI, quizá su mayor caudal provenga de los jóvenes no partidistas. La lista nominal de electores en SLP según corte del INE al pasado viernes, es de 1 millón 943 mil 748. Al momento de la elección del 2012, era de 1 millón 768 mil 062. La diferencia de 175 mil 686 inscritos, está compuesta en su gran mayoría por jóvenes potosinos que será la primera vez que voten en una elección presidencial.

Son, no me cabe la menor duda, jóvenes a los que ya tenemos hasta la madre con El Cochiloco, El Tekmol, Lupe Uñas Largas, Barrera El Cínico, Rebeca La Cafetalera; Sergio el Finito Desfassiux; don Pepe Itacates Belmárez, Janos El Claridoso Segovia, Mariano El Filántropo Niño, Jesús Voy y Vengo Cardona; Oscar El Veraz Vera y Xitlálic Yo te Acomodo Sánchez.

Lo gracioso es que a la hora de la hora los verdaderos paganos serán José Antonio Meade y Ricardo Anaya.

COMPRIMIDOS

  • Oscar Bautista Villegas ya anda delirando. Fabiola Guerrero postulada por la alianza PRI-PVEM, ganó el III Distrito Electoral Federal en 2015 con 63 mil votos, una muy buena votación. OBV anda proclamando en todos lados que si él es candidato sacará más de 90 mil votos. Ni robándoselos. Lo que el PRI necesita entender es que si postula en la Zona Media al Cochiloco y éste aumenta tres o cuatro mil sufragios, en esta capital puede perder el doble o el triple por el repudio a esa clase de candidatos. Y lo mismo vale para el Tekmol en el Altiplano o el Segovia en Matehuala. Y otra vez: la factura la pagaría JAMK.

 

  • En serio que hay decisiones de Gobierno que son imposibles de entender. Hasta donde yo sé, no hay nada que sugiera o insinúe que Juan Manuel Carreras López es deshonesto. Tiene otros defectos, pero nadie lo acusa de ser corrupto. ¿Por qué entonces, pregunto yo, actúa como si lo fuera? Su afán de imponer como Fiscal Anticorrupción a un hombre totalmente del sistema, empleado suyo hasta hace unas semanas y militante activo de un partido, sólo tendría explicación si estuviera preocupado por cubrirse las espaldas. ¿O será que piensa entrarle al enriquecimiento ilícito en un futuro próximo?

 

  • Debo aclarar que conozco razonablemente bien a Jorge Alejandro Vera y tengo de él la mejor impresión: las veces que hemos platicado siempre me encontré con un hombre muy educado, buen abogado y con sensibilidad política. Finalmente él ninguna culpa tiene, no se está auto proponiendo. Podría apostar que ni siquiera lo solicitó. Tampoco era de esperarse que dijera que no, capaz que lo desheredan.

 

  • Por cierto: ¿qué se habrá hecho el Frente Ciudadano Anticorrupción que tan buenas expectativas abrió? ¿Habrán desterrado a sus integrantes y promotores; los tendrán en la cárcel o simplemente se cansaron? No quiero ni pensar en que los hayan corrompido. Sería el colmo.

 

  • Un amigo me sugirió que investigará si cuando fueron a presionar al alcalde de Catorce para que les firmara las escrituras de unos terrenos municipales, los sinvergüenzas esos de la Ecuación Corrupta llevaban Cuernos de Chivo. En eso ando.

Hasta el próximo jueves.

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