Fundador:
Miguel R. Valladares García

jueves 9 de abril de 2026

Escudriñando nuestro pasado

El 17 de febrero de 1600, Giordano Bruno fue ejecutado en la hoguera acusado de herejía por la inquisición romana. Un monumento en la plaza […]

Array

El 17 de febrero de 1600, Giordano Bruno fue ejecutado en la hoguera acusado de herejía por la inquisición romana. Un monumento en la plaza romana “Campo dei Fiori” –lugar de la ejecución– conmemora el acontecimiento. Entre otras opiniones heréticas, Bruno argumentaba en favor de la existencia en el Universo de una multiplicidad de mundos poblados por seres inteligentes. Si bien para los estudiosos no es claro hasta qué punto esta particular creencia de Bruno influyó en la sentencia dictada en su contra, la misma iba en contra de la ortodoxia religiosa vigente y nos despojaba de nuestro lugar privilegiado como única especie inteligente del universo.

Hoy en día, a cuatro siglos de la ejecución de Bruno, la posibilidad de que puedan existir mundos extraterrestres poblados por seres inteligentes, incluso más avanzados que nosotros, es ampliamente aceptada. Tan aceptada que ha dado lugar a iniciativas serias –si bien controvertidas– para descubrir alguno de estos mundos hipotéticos. En una de estas iniciativas, desde los años sesenta del siglo pasado se ha estado escudriñando el firmamento en busca de señales provenientes de una civilización extraterrestre; esto, con el apoyo de diferentes fuentes de financiamiento, incluyendo a la NASA.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos no se han encontrado pruebas de la existencia de inteligencia extraterrestre –en realidad, ni aun de vida microscópica fuera de nuestro planeta–. Así, la expectativa relativa a la existencia de vida extraterrestre avanzada por Bruno sigue aun en vías de confirmación.

Por otro lado, hoy sabemos que no ocupamos un lugar especial en el Universo como única especie inteligente. Y esto lo averiguamos, no buscando en el espacio interestelar, sino escudriñando el pasado de nuestro planeta. De hecho, sabemos que nuestra especie es el resultado de una evolución que tomó millones de años y que no siempre fuimos lo que hoy somos. Incluso hubo momentos en los que el proceso de evolución dio pie a que convivieran dos especies humanas, diferentes.

Así, por ejemplo, los paleoantropólogos saben de la existencia de los neandertales, una especie humana diferente a la nuestra, pero con un grado de inteligencia similar, con la que convivimos por decenas de miles de años hasta su extinción hace unos 30,000 años. En este periodo de convivencia las dos especies se habrían incluso cruzado y dejado descendencia.

Otro ejemplo que ha tomado a los especialistas por sorpresa es el hombre de Flores, una especie humana hasta hace poco desconocida que habría vivido en Flores, una isla del archipiélago indonesio hasta hace unos 50,000 años. La especie del hombre de Flores era diminuta, de apenas un metro de estatura, y por esta circunstancia ha llegado a ser conocida como “hobbit”.

Nadie sabía de la existencia de los “hobbit” hasta septiembre de 2003, cuando un grupo de investigadores de Australia e Indonesia descubrió un esqueleto de dicha especie en Liang Bua, una cueva en la isla de Flores. El esqueleto perteneció a un individuo –posiblemente hembra– de 1.06 metros de estatura, 25 kilogramos de peso y un cerebro con un volumen de 380 centímetros cúbicos –aproximadamente una tercera parte tamaño del cerebro de nuestra especie–. Aunque originalmente fue fechado en 18,000 años, hoy se sabe que la antigüedad de los restos oscila entre los 100,000 y los 60,000 años.

Algunos especialistas han sugerido que el esqueleto de Liang Bua corresponde al de un hombre moderno que sufría de una patología congénita, de manera específica de microcefalia. Un artículo que apareció esta semana en la revista “Nature”, sin embargo, descarta esta hipótesis. Dicho artículo fue publicado por un grupo internacional de investigadores encabezado por Gerrit van der Bergh de la Universidad de Wollongong en Australia.

En su artículo, van der Bergh y colaboradores reportan el descubrimiento de la parte inferior de la mandíbula y un molar de un individuo, un 20 por ciento más pequeño que el hombre de Flores y que pareciera ser su ancestro. El descubrimiento se llevó a cabo en un sitio llamado Mata Menge en la isla de Flores, a unos 75 kilómetros de Lian Bua, Lo sorprendente del hallazgo es que los restos tienen una antigüedad de 700,000 años.

Según el nuevo descubrimiento, el esqueleto Liang Bua no corresponde al de un humano moderno con una patología, pues sus ancestros habitaban la isla de Flores desde hace más de 700,000 años, cuando nuestra especie aun no existía. De acuerdo con van der Bergh y colaboradores, el hombre de Flores procede de un especie humana primitiva que arribó a Flores hace un millón de años y una vez ahí evolucionó hacia un cuerpo más pequeño por la escasez de alimentos en la isla. Consideran, sin embargo, es necesario contar con nuevos fósiles para llegar a una conclusión más sólida.

Si bien obtener información del pasado remoto no es una tarea sencilla, hoy en día es claro que en el camino que ha seguido nuestra especie en su evolución hasta el momento actual, en más de una ocasión hemos convivido con especies cercanas a la nuestra que finalmente se extinguieron, quizá por influencia nuestra. ¿De no haberse extinguido el neandertal o el hombre de Flores, habrían ayudado a Giordano Bruno a librar la hoguera? No podemos saberlo, pero dada nuestra tendencia a la discriminación racial, es posible que no hubiera hecho diferencia.

Minuto a minuto

Toda la sección