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Ningún hecho político de importancia ocurre por una sola razón. Es una error muy frecuente eso de que una elección se ganó, o se perdió, “por esto”. En realidad una elección se gana, o se pierde, “por esto y por esto; por eso, por aquello y por lo otro”. Lo mismo sucede cuando se obtiene o no una candidatura; cuando se forma o se deshace una alianza partidaria, etcétera. Dicho en lenguaje refinado, un acontecimiento político relevante es siempre multifactorial.
El suceso político más importante a nivel local derivado de las elecciones de hace cinco semanas fue la derrota del alcalde Ricardo Gallardo Juárez, por cuanto supuso el desplome del gallardísmo, y con ello la radical modificación de expectativas político/electorales para el 2021, un realineamiento de las fuerzas partidistas, sobre todo en la zona conurbada de esta capital, y el desvanecimiento de algunos actores políticos que iban en ruta de ascenso.
Dado su impacto tanto en el corto como en el mediano plazo de nuestra vida pública, la derrota gallardista impone por lo menos el intento de entender a qué se debió, máxime si recordamos que hace apenas un año aparecía como una fuerza imparable llamada a extender su hegemonía a toda la entidad apenas llegara el 2021, sorteando la aduana de este 2018 con nueve o diez diputaciones locales, tres o cuatro federales y una veintena de alcaldías importantes. Todo eso se volvió humo. ¿Por qué?
Sin que sea un listado exhaustivo, creo que se pueden identificar algunos de los factores que en su conjunto determinaron la aplastante derrota de Gallardo Juárez y con ello el desfonde de un proyecto político que se pensaba tendría larga vida. A saber:
1.- La prisa, por no decir la voracidad, mostrada en cuanto ambos Gallardo estuvieron en posiciones de poder que daban acceso a cuantiosos recursos públicos. Baste un ejemplo: Los presupuestos de egresos 2013 y 2014 de Soledad de Graciano Sánchez sumaron unos mil 600 millones de pesos. La PGR acusó al alcalde Ricardo Gallardo Cardona de haber desviado, en ese lapso, más de 240 millones, equivalentes al 15 por ciento del total presupuestal.
Como muchos potosinos se lo preguntaron previo a las elecciones ¿qué pasaría si logran meterle mano a los 50 mil millones de pesos del presupuesto estatal? (Antes de que nos vengan a gritonear que RGC quedó “exonerado” de cualquier responsabilidad penal, habrá que reiterar que no es así. Un juez lo dejó libre porque consideró que la Procuraduría General de la República no había acreditado el delito imputado, pero que nada le impedía volver a acusar por un delito diferente. El asunto sigue vivo).
2.- La ostentación. El rápido y documentado enriquecimiento de los señores Gallardo, varios de sus familiares y algunos testaferros, particularmente el de carácter inmobiliario, no necesitó ser descubierto ya que fue exhibido, presumido por decirlo de algún modo, sobre todo con la adquisición y ocupación de fastuosas residencias.
3.- El patrimonialismo. Muy a la usanza setentera del priísmo más hegemónico e invencible, los señores Gallardo jamás se vieron como administradores de los recursos públicos sino que los manejaron como parte de su patrimonio personal.
Basta un ejemplo vivo y lacerante: como parte de los pagos que debieron hacer para que durante su tiempo de encarcelamiento Gallardo Cardona fuera trasladado del penal federal de Hermosillo, Sonora, al mucho más cercano de Ocampo, Guanajuato, primero, y para conseguir su liberación, después, entregaron al grupo mafioso que encabeza aquí el delegado de la SCT federal –con sólidos contactos en la Secretaría de Gobernación- una fuerte suma de dinero (se habla de 30 millones de pesos) que podría haber salido de sus fortunas personales, pero además le entregaron la administración soberana del Interapas; les concesionaron el servicio de grúas municipales y les han adjudicado obra por decenas de millones de pesos.
4.- La prepotencia. Al principio de la administración gallardista en esta capital, se aplicaron severos recortes en la plantilla de personal, pero en muchos casos individuales no se observó la ley en materia de despidos sino que se hicieron arbitrariamente, sin reconocer derechos laborales y, peor aún, recurriendo a amenazas gansteriles para desalentar juicios reivindicatorios.
Al agravio original del desempleo, se añadió luego la constatación de que los recortes habían servido en buena parte para abrir espacio al ingreso de “operadores” e incondicionales. Varios miles de votos pertenecientes a esos despedidos, sus familiares y sus amigos, fueron para los candidatos oponentes a la reelección gallardista.
5.- Los malos modos. A partir de cierto momento, 2016, cuando el futuro político les sonreía, todo mundo les hacía caravanas, nadie se les enfrentaba y podían ya tener la certeza de que nunca más padecerían apuros económicos, los Gallardo comenzaron a tratar mal a sus colaboradores de todos los niveles, incluidos los más cercanos. El trato que empezaron a dispensarles fue el de sirvientes y vasallos. No se percataron, pero ahí se inició el debilitamiento de su sólida estructura político-electoral. Operadores a nivel de calle comenzaron a buscar otros aires.
6.- La incongruencia. Pocos años después de que sus “baños de pueblo” eran auténticos, de que su emoción social parecía genuina, de que su identificación con los desposeídos y con las causas populares respondía a verdaderas pulsiones internas y no a una mascarada, los hoy alicaídos señores Gallardo súbitamente olvidaron que ahí radicaba su verdadera fortaleza en la arena pública y comenzaron a despreciar sus raíces. Quizá los momentos más paradigmáticos en este renglón son, primero, el osado lance de Gallardo Cardona de asociarse con algunos de los apellidos ilustres de la ciudad en la Trama Panavi y de comenzar a aparecer en revistas rosas de la high society local.
Luego, el empeño desmedido en hacerse rodear de 300 de los empresarios potosinos más destacados (con algunas notorias excepciones), quienes al final del día sólo fueron a “darles el avión” (Hay que revisar los resultados en las casillas donde votan esos prohombres para constatarlo). Corresponde también a este factor, el de la incongruencia, pasar de habitar en casas y áreas de clase media a mansiones de zonas premium.
7.- La estupidez. En la fase previa a su defenestración, cuando todavía disponían de algo de tiempo para corregir lo que habían comenzado a hacer mal, para dejar de ampliar su patrimonio inmobiliario, para tratar mejor a su gente; para contener a sus testaferros y decirle a la mafia de la SCT federal que ya estaban suficientemente pagados y adiós; para licitar a lo derecho obras como la modernización de Fray Diego de la Magdalena, para, en fin, entender que deberían volver a sus raíces que tanto les redituaron, cometieron el gravísimo error de pensar que a los potosinos en general, les eran indiferentes sus excesos. Incurrieron en la costosísima ingenuidad de pensar que los potosinos son tontos. Grave error.
8.- La arrogancia. Una de las peculiaridades del gallardísmo más desconcertantes, que sabrá Dios de dónde la habrán sacado los señores Gallardo, fue siempre su convicción absoluta de que eran intocables. Quién sabe en qué momento demencial cayeron en semejante desvarío.
No hay, no existe la más remota posibilidad de que quienes se dediquen a la política activa, mediante la cual busquen gobernar e influir en la vida de cientos de miles o millones de personas y manejar miles y miles de millones de pesos, puedan cruzar tan amplios territorios y subir tan elevadas cumbres sin sufrir el mínimo rasguño de una crítica. No comenzaron siendo así, pero a poco de sentir que el mundo era suyo, por ahí de 2012/2013, se mostraron increíblemente intolerantes ante cualquier crítica. Comenzaron a fundar, comprar, conveniar y rentar numerosos medios de comunicación, que servían tanto para que les echaran porras como para acallar a sus críticos.
Y cuando el martillo mediático no era suficiente, aparecían en escena sus energúmenos tipo El Chiquilín para amedrentar a cualquier comunicador desafecto. Andar en la conquista del poder sin ser criticados es tan tonto como querer nadar en el mar sin mojarse.
9.- Falta de sensibilidad. Quizá el factor de la derrota gallardista mas sutil pero altamente eficaz y determinante, más sorprendente y digno de análisis en las elevadas esferas de la academia y la intelectualidad, haya sido que sin darse cuenta despertaron al navismo. Fueron incapaces de entender que tanto ataque soez a Xavier Nava y sobre todo a su familia, haría reaccionar a los viejos patriarcas del navismo histórico ya ancianos pero con audiencia y ascendiente en familias numerosísimas y en amplios círculos sociales. Esta es una larga historia sobre la que Tomás Calvillo podría hacer un libro.
A estas alturas del texto, seguramente habrá quienes se estén preguntando si entonces Xavier Nava no tiene mérito alguno en su propio triunfo. Claro que lo tiene, y de eso podemos hablar en otra ocasión, pero tengo la convicción de que un factor decisivo de su victoria fueron los graves errores acumulados por los señores Gallardo, desde tiempo antes y durante la campaña.
COMPRIMIDOS
Ahora que le ha sido entregada a Andrés Manuel López Obrador su constancia de Presidente Electo, me vino a la memoria una frase de Francois Mitterrand, quien decía que como presidente de la República francesa le correspondía ser “La Fuerza Serena del Estado”. Todo un tratado político en cinco palabras.
En la columna anterior dijimos que el Partido Revolucionario Institucional salió de las pasadas elecciones con una fracción de cinco diputados locales. A fuer de ser precisos, realmente como PRI solamente podrá contar con cuatro. Esto, porque la futura legisladora que ganó el Distrito IV de Salinas, Laura Patricia Silva Celis, pertenece a Antorcha Campesina y su línea de mando es otra. En el Congreso no hará lo que le indique su coordinador o lo que le pida su partido sino lo que le ordene Lenin Campos. Así de simple.
Los diputados locales que hicieron chapuza y media con facturas apócrifas, robos de personalidad y falsificación de documentos, para embolsarse los dineros de la llamada Gestoría Institucional, se ponen muy pero muy nerviosos cuando se les menciona a la señora Adriana Angélica Peredo Gómez. Se trata de una proveedora que al saber el mal uso de sus facturas las canceló ante hacienda y le ha dado seguimiento al tema para no tener problemas con el fisco. Si el SAT le pone el ojo encima a los legisladores, ya se chingaron.
Para los que, como decía Julio Ernesto Teissier, son capaces de seguir la huella de una culebra en el agua, les recordamos que Esteban Moctezuma Barragán puede invocar su condición de potosino por derecho de sangre, que ya una vez intentó ser candidato a gobernador allá por el 2003, que hace años abandonó el PRI y que ahora es un morenista destacado.
Cándido Ochoa Rojas declaró ayer que “el dinero siempre pervierte”. Habló la voz de la experiencia, el docto en la materia, el experto máximo del tema. Rata y cínico, espléndida combinación.
Hasta el próximo jueves.





