Y así estaba la cosa. Pero, bueno, los golpeteos nos confunden todavía más aunque los libren mejor quienes preocupan menos a los demás candidatos… o sea, los que apenas existen como el primerizo de Morena al que todos los políticos le parecen corruptos porque, claro, él nunca había estado en la política. En este caso y en el de Movimiento Ciudadano sólo intentan causar cierto impacto con lo que se les pueda ocurrir, para posicionarse en alguna medida sin tomar en cuenta los negros historiales de los dueños de sus partidos.
Más sobrio y tranquilo se aprecia el caso de Encuentro Social, con Ysabel Gómez Galán, que curiosamente ha generado especulaciones de panistas sobre un complot priista para que su candidata no sea la única mujer en la contienda y se tenga que dividir el voto femenino… Me parece que de ninguna manera es así. De hecho, mientras más mujeres, mejor… hay que celebrarlo y espero que los votantes también lo hagan.
A su vez, en cuanto a las usuales promesas de los candidatos en contra de la corrupción y a favor de la transparencia, creo que vale la pena considerar los siguientes puntos.
I. Todos y cada uno de ellos (la Real Academia confirma que esto incluye a las candidatas) tienen que entender mejor la transparencia como elemento crucial y preventivo en la función publica, de tal manera que empiecen a verla mucho más en serio… más allá, digamos, de los discursos de cajón.
II. Y, ojo, la corrupción no es un “tema” más en la campaña o en cualquier gobierno, sino que se ha vuelto un elemento crucial para la gobernabilidad y la efectividad de la gestión publica, además que tampoco es “cultural” como se le salió decir a Enrique Peña Nieto, aunque contiene aspectos de la condición humana y de inercias sociales, lo que hace difícil “erradicarla” pero se puede controlar y disminuir en forma significativa.
III. Habrá que ver por qué está tan mal San Luis en materia de transparencia y corrupción, aparte de la conocida intervención del ejecutivo para cubrirse las espaldas, en lo cual tienen una grave responsabilidad quienes fueron miembros de la LX Legislatura del Congreso local (hay dos aquí entre los candidatos, que incluso critican ahora todo eso), al igual que el oscuro y tortuoso coordinador de la campaña de la abanderada panista (Juan Pablo Escobar, presidente allí de la Comisión de Transparencia y Rendición de Cuentas.
Cualquiera tiene que convencerse para convencer, pero aún así requiere mucho más: emoción, equilibrio, inteligencia, artimañas, esfuerzos, sacrificios,… nadie la tendrá fácil aunque lo ofrezcan en campaña.
Y, bueno. ¿Qué es lo que se puede hacer en concreto ante la negligencia y las desviaciones de otros? Esto no será tan sencillo ni siquiera para un gobernador electo o en funciones, pues se requiere un liderazgo creíble y, fíjense, con un grado de autoridad que se pierde precisamente con la corrupción.
Otro punto clave aquí se refiere a la necesidad de deslindarse o desmarcarse de los gobiernos de malas prácticas según la percepción ciudadana o el imaginario colectivo, lo cual se refiere a altos grados de corrupción y negligencia que se han asociado con gestiones priistas a nivel estatal, municipal y nacional. Aunque en lo personal un candidato no sea corrupto e ineficaz, la gente lo asocia a una complicidad al no haber enfrentado esas desviaciones y, sobre todo, al riesgo de que eso continúe en un gobierno encabezado por el aspirante.
Para nadie es sencillo pintar su raya con quien fue su jefe, pero hay casos en que alguien se debe distanciar o al menos diferenciarse de quien le dio vida, lo que ha sucedido en la política potosina. Los perfiles y los hechos acreditan grandes diferencias, y se pueden confirmar antes o después de que se tome posesión.
No se trata de algo personal ni de “romper” con alguien importante; tampoco es cuestión de pelearse o ser un malagradecido. Sólo es cuestión de que los predecesores rindan cuentas, como el nuevo gobernador lo habrá de hacer en su momento.
Escribo estas líneas el viernes 8… varias horas antes del primero de los dos debates oficiales entre los candidatos. De ello, los lectores del sábado ya contarán con bastantes recuentos. Eso sí, para los reportes y análisis en redes o periódicos este fin de semana, difícilmente se verían ‘decencias’ o civilidades que impidieran que todos se pudieran declarar ganadores reales o morales o virtuales… claro, como debe ser, muy contentos.
En una estrategia evidente, tendrían que haber sido de gran utilidad las opiniones o conclusiones de ellos mismos, así como todo sondeo informal o comentario útil en función de simpatías previas.
Con o sin debates, las campañas siguen y, oigan, a cualquiera de los aspirantes le conviene: 1) olvidarse de alguna superioridad intelectual que se le pueda atribuir, 2) tener una idea de la complejidad de esa enorme responsabilidad, 3) leer incluso ciertas ‘tonterías’ de los ciudadanos en las redes, más que deleitarse con sus propios boletines, 4) escuchar con atención en vez de disertar a la primera oportunidad, 5) interesarse por lo que piensa la gente, no tanto en lo que uno piensa que necesita, 6) no verse más político, partidista o gubernamental de lo que sea necesario, y 7) proyectar una imagen más ciudadana pero con conocimientos y liderazgo o sensibilidad. Digo, por ejemplo, ¿no?
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