Nuestro país tiene muchos problemas, y, como he compartido con Usted en varias ocasiones, no son problemas aislados, y a estas alturas ya no podríamos afirmar categóricamente qué fue primero si el huevo o la gallardía. San Luis Potosí tiene sus propios problemas, pero comparte todos los nacionales, y agravados algunos.
La inseguridad creciente e imparable es el resultado directo de la rampante impunidad, porque es claro que al no castigarse los delitos, vaya ni siquiera perseguirlos, garantiza a quienes los cometen que saldrán sin castigo; los malos saben que el crimen sí paga.
El factor más importante de la no persecución de los delitos es la corrupción que se enseñorea de todos los espacios de la procuración y administración de Justicia; obviamente que la corrupción que hoy vivimos en San Luis Potosí y en todo México no surgió ayer, vaya ni siquiera cuando tomó posesión el actual Gobernador del Estado, ni su antecesor, ni el de éste, es de vieja data, y en todo caso se ha ido perfeccionando en forma descarada y abierta.
Seguro le viene a Usted a la mente el video de la Ecuación Corrupta difundido por Pulso Diario de San Luis, sus publicaciones hermanas de Editora Mival y el portal nacional de noticias Sinembargo.mx, pero creo que nadie duda que ese sea sólo el botón de muestra y que el flagelo es muchísimo mayor, literalmente imparable y absoluto en todas las esferas de nuestra sociedad.
¿Cómo podríamos erradicar las prácticas corruptas?, mire la verdad es que no hay un solo remedio, ni tampoco una sola cosa que deba hacerse, ni mucho menos que lo haga una sola persona, vaya ni siquiera una sola institución.
Estando tan profundamente arraigada la podredumbre poco o nada lograremos sin la directa colaboración de la gente, de la ciudadanía y de los agentes corrompibles, y ¿sabe cuál es el problema fundamental?, pues que la sociedad, la gente, la ciudadanía, no tiene ni la más mínima gana de participar, porque estamos convencidos de que las cosas irán a peor, que esto es una selva en la que las peores bestias son las propias personas metidas en la política, las propias personas que ejercen el poder público, y que por ahí empieza lo pútrido.
Se trata de un círculo vicioso, porque si en la ciudadanía consideramos que sólo las y los corruptos integran y participan de la política, y que lo hacen mediante raterías, engaños, simulación y sobornos, entonces no hay quién le entre, porque la gente decente no debe juntarse con delincuentes; dicho de otro modo, la política y los gobiernos están en manos de gente mala porque la gente buena está en sus casas, en sus negocios, en sus trabajos y escuelas, lejísimos de donde se toman las decisiones políticas y además sin intenciones de que sea de otro modo.
En ese escenario de hartazgo social, y de repugnancia por tomar parte de las cosas públicas se enmarca el momento actual, y en este ambiente es que se lanzó desde hace ya dos años el Sistema Estatal Anticorrupción, pero que nadie, ni sus proponentes, tienen reales esperanzas de que funcione, lo que se traduce en otro fiasco monumental, y en el aumento de nuestros problemas.
En breve la Asamblea de vagos designará –de entre una terna que propone el Gobernador del Estado– a la persona que será titular de la fiscalía anticorrupción, y tres cosas ya dejan lesionado el nombramiento, mire Usted: primera, la propuesta no es cívica, sino política, y vistas las cosas sin siquiera haber socializado mínimamente las probables propuestas; segunda, será la Asamblea de vagos la que vote y elija, de modo que ya puede imaginarse el molino de carne en que estará convertida la dicha asamblea de impresentables con sus manitas de estómago a todo lo que dan; y tercera, ¿quién en su sano juicio aceptaría hacerse cargo de combatir ese cáncer sin apenas herramientas y en solitario, como Batman?
No me cabe duda que, como ocurrió con el Fiscal General del Estado, el nombramiento recaiga en alguien con solvencia moral, e incluso con amplios conocimientos y voluntad, pero tampoco dudo que además de la mácula por cómo fue nombrada esa persona, estará literalmente atada de manos, porque no hay sociedad detrás de ella, ni ahora, ni en el futuro.
La corrupción no requiere de un “sistema” que la combata, requiere de sociedad civil; precisa de una poderosa acción en el seno de la sociedad que regenere la moral pública –hace varias décadas el preclaro doctor Samuel I. del Villar, potosino y de Peotillos, como Jefe de Asesores del Presidente Miguel de la Madrid, propuso la Renovación Moral de la Sociedad, y mire Usted, no fue escuchado– para que sea la sociedad la que genere liderazgos políticos éticos y plena conciencia de que en medio de lo podrido no hay virtud que prospere.
¿Usted cree que, por ejemplo, los ricardos Gallardo, exediles soledenses y sumos pontífices de eso que llaman “gallardía”, pero que sólo Dios sabe que sea, no sabían perfectamente que es ilegal, inmoral e injusto el realizar actos anticipados de campaña nominando los programas sociales de sus gobiernos municipales con su apellido, o pintarrajeando toda la ciudad de amarillo, cambiándole a la gente pobre garrafones de agua, tortillas y despensas por sus votos?
¿Usted cree que los integrantes de la Ecuación Corrupta, no sabían que es un delito grave, penado con cárcel, el pedir moches, estructurar una mafia para chantajear ladrones de dinero público y fomentar el saqueo de las arcas públicas?
¿Usted cree que los responsables policiacos de San Luis Potosí no saben que es un delito grave, de lesa humanidad, usar como socios a delincuentes del crimen organizado para “balancear” las fuerzas y enfrentarlos unos a otros en medio de un baño de sangre?
¿Usted cree que los curritos empresarios, júniores y mirreyes no sabían perfectamente que la Trama Panavi no era un negocio lícito, sino una colección de mentiras, fraudes y simulaciones viles para robar el dinero de la hacienda municipal de San Luis Potosí?
¿San Luis libre de corrupción?, Sí, el día en que los cerdos vuelen.
Ingenuidades
Estoy seguro de que Usted no confiaría en un hojalatero automotriz que trajera hecho pedazos su propio carro, o en una dentista chimuela, tampoco en un instructor de gimnasio escuálido como salario mínimo, o en una nutrióloga obesa mórbida… oiga, ¿y en un secretario de seguridad pública al que los delincuentes balean como pato de feria?
Leonel Serrato Sánchez
lamanoizquierda2016@gmail.com





