El gabinete del Presidente Peña Nieto se formó, siempre se ha dicho, por personajes que, al margen de sus historias de vida personales y profesionales, eran y son sus amigos. Lo que no sabemos es que tan amigos son entre ellos.
Dos de esos grandes y fraternos camaradas presidenciales son Aurelio Nuño y Luis Videgaray, mencionados ambos como posibles sucesores de Peña Nieto. La lista de amistades no da para mucho más.
Ya en entregas anteriores de esta columna, en varias ocasiones, hemos dejado en claro que hay alguna mano misteriosa que mueve la cuna (o cunas) que coloca en aprietos al Presidente. Esa presencia misteriosa ha demostrado que juega duro y en niveles con alto grado de dificultad y perversidad.
Uno de los gandes temas de este gobierno es una reforma educativa que, a partir de la Constitución General de la República, estableció nuevos lineamientos para intentar corregir un rumbo extraviado desde mucho tiempo atrás. Como responsable de su implementación el Presidente recurrió a Aurelio Nuño, asesor y colaborador de Luis Videgaray en la Cámara de Diputados, asesor de Peña Nieto cuando fue Gobernador del Estado de México y luego Jefe de la Oficina de la Presidencia cuando don Enrique llegó a la titularidad del Poder Ejecutivo Federal. Ha sido visto como uno de los posibles elegidos del Presidente para ser candidato del Partido Revolucionario Institucional a la elección de dos mil dieciocho, sospecha aumentada cuando fue designado Secretario de Educación Pública.
A partir de las violentas protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en diversos puntos de la geografía nacional, hemos sido testigos de como Nuño es el blanco de un fuerte golpeteo político y mediático que lo desgasta y aleja cada día más de la posibilidad de representar al tricolor en la sucesión presidencial. No han sido suficientes (¿?) los esfuerzos del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para resolver el tema. Será porque la CNTE es difícil o porque a lo mejor, para alguien, no es tan urgente que se solucione.
Luis Videgaray ha sido señalado como el promotor y autor de las gestiones necesarias para que Donald Trump fuera recibido por Enrique Peña Nieto, lo que, sin duda, es una de las peores equivocaciones que ha sido cometida por la Presidencia de la República y sobre lo que se ha dicho y escrito de todo por todos. La constante en las opiniones expresadas es que, peor, imposible.
Además de este impacto negativo en la opinión pública, la visita de Trump se circunscribe en una de las peores crisis institucionales del gabinete presidencial, a partir de que alguién decidió no tomar en cuenta a la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, quien primero se enteró sorpresivamente del tema y luego expresó su oposición en contra, lo que fue clamar en el desierto. Este desatento personaje fue Luis Videgaray, ahora enfrentado con la Canciller de manera, dicen algunos, irreconciliable.
¿Qué dirá el tío Carlos (Salinas de Gortari) del trato a su sobrina Claudia? ¿Cuál de los dos Secretarios sobrevivirá luego de la gira presidencial a China?
La pregunta más importante: como responsable de la política interior y coordinador políticio del equipo presidencial, ¿Osorio Chong supo de los planes de Videgaray? ¿Estuvo de acuerdo en hacer a un lado a la Canciller?¿Fue evadido su ferreo control por el Secretario de Hacienda, quien también aspira, al igual que el titular de Gobernación, a la candidatura a la Presidencia de la República? ¿Será acaso una alambicada jugada donde Osorio fingió y condujo a don Luis al conflicto como una forma de quitar obstaculos a sus propósitos?
Desconozco las respuestas. Lo que si veo es que el Presidente cada vez tiene menos espacios y personas en quien confiar. Sus amigos, ¿serán sus amigos?
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