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Miguel R. Valladares García

sábado 4 de abril de 2026

Algo de paz

Decir como quehacer. Mirar como elucubrar, desbaratar o pensar. Escribir como desahogar. Las palaras tienen carga y constantemente ignoramos esta afirmación que dista mucho de […]

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Decir como quehacer. Mirar como elucubrar, desbaratar o pensar. Escribir como desahogar.

Las palaras tienen carga y constantemente ignoramos esta afirmación que dista mucho de ser científica pero que el empirismo lo confirma cotidianamente cada minuto de nuestras vida.

Señalar para esconder, culpar para evadir, gritar para esfumarse. Asesinar para desaparecer.

Nuestra especie hace esto todos los días.

¿Lo de hoy? La masacre de Orlando o la violación en un ETN México San Luis. No cabe duda que a diario el mundo, o más bien la humanidad, da para esto y más: demostrada la creatividad para evadir cualquier sistema de seguridad ya sea en una acreditada línea de autobuses o en un club que debe haber tenido su propio control para evitar que entrarán sujetos armados a un lugar como el que describen noticias, las que no he querido ni leer pero que es imposible no enterarse.

La pregunta: ¿por qué de todo esto?

La historia de la “civilización” es un relato macabro de continua aniquilación entre sujetos de la misma especie y no precisamente por necesidad de supervivencia, como en los casos que atraen nuestra atención estos días.

¿Qué hacer? Otra pregunta que parece no tener ni principio ni final porque al parecer no basta con hacer el bien y comportarnos ética o moralmente correctos cuando menos en nuestro círculo más cercano.

¿Unirnos a las manifestaciones o marchas a favor de las uniones entre personas del mismo género o contra la reforma educativa o en contra de las leyes que permiten la posesión de armas entre la población? Sí y no. No todo mundo tiene alma de activista social pero pareciera que es la única salida que nos queda: protestar, decir ya basta del abuso, del enfrentamiento, de la corrupción, de lo que se ha derivado del sistema neoliberal, de lo que la cultura de los cárteles ha traído a nuestras sociedades.

Pensar en la evolución como algo estático o intangible nos ha traído problemas. Los griegos eran una sociedad abiertamente polisexual, si existe la palabra, y los hemos consagrado como la etapa de la humanidad que ha traído las bases de la cultura que hasta hoy conocemos, practicamos ya admiramos.

Tomamos lo que nos conviene de aquello que nos conviene. Señalamos, culpamos, marginamos y castigamos pero solo paramos hasta que alguien cercano resulta caer en el perfil de aquello que repudiamos.

Hablar de tolerancia me da algo más que náuseas. Si nos pusiéramos en los zapatos de ese otro no necesitaríamos tolerar lo cual significa en lenguaje coloquial “aguantar”. Si nos pusiéramos en ese lugar no tendríamos que circular hasta el infinito, videos, notas, memes sobre tan trágicos acontecimientos.

Si en realidad lamentáramos la pérdida de vidas humanas en este club de hombres o mujeres que gustan de admirar la belleza,- aptitudes, habilidades, cultura, conocimientos, temperamento, simpatía de personas de su mismo género- nuestra postura ante la sociedad sería otra.

Si nos dolemos de las personas fatalmente agraviadas en ese autobús, estaríamos frente a las puertas de los responsables de perseguir este delito y de cuidar de la víctimas asegurándonos de que esto no vuelva a ocurrir.

Pero somos una sociedad tibia, practicante frecuente de una doble moral que cargamos a cuestas por falta de valor o por razones que desconozco o que aún no identifico.

En lo personal, no sé a qué grupo unir mi voz, mi lamento y mi persona para aliviar este mal que nos aqueja como comunidad en nuestra localidad, o como sociedad en nuestro país y nuestro mundo.

Respeto a quien no entiende y no comparte diferentes sistemas religiosos y morales. Lo único que me cuesta consentir es la falta de aceptación que tenemos ante las nuevas formas de convivencia. Creo que lo único que debiéramos condenar en un momento dado es cuando alguien -sea hombre o mujer- le hace daño físico o moral a otra persona.

Escribo en una especie de arrebato surgido de la urgencia por llevar algo de paz entre quienes estamos en este momento viviendo sobre el mismo planeta. Algo de paz para los familiares y las víctimas de estos sucesos. Algo de paz para evitar que esto se repita en otro punto del mundo en donde ubiquemos a nuestros hijos o nuestros hermanos y quizá a nuestros amigos.

Ojala nos detuviéramos.

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