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Miguel R. Valladares García

martes 1 de diciembre de 2020

Cese con asegunes Autoengaño oficial

Pues eso del cese de la titular de la Oficialía Mayor del Congreso del estado, Marcelina Oviedo Oviedo, fue más bien a medias, pues si […]

Pulso

Pues eso del cese de la titular de la Oficialía Mayor del Congreso del estado, Marcelina Oviedo Oviedo, fue más bien a medias, pues si bien la Junta de Coordinación Política (Jucopo) aprobó su despido, será el Pleno del Congreso el que apruebe, la semana entrante, si se le despide o no.

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En ese lapso, y para cómo está el Congreso estatal, no se descarta la posibilidad de que se registre una maniobra que mantenga en el cargo a la funcionaria.

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Ya se verá qué ocurre, pero, al menos por lo poco que dijeron algunos de los integrantes de la Jucopo sobre el tema, uno de los motivos de la destitución de Oviedo Oviedo parece sumamente grave: el de usurpación de funciones.

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El asunto es que la información del Congreso sobre este tema es escasa, y la que existe, es confusa y no se sabe a detalle a qué se refirieron específicamente los diputados.

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Pero parece un cargo suficientemente grave como para que la propia Jucopo decidiera la salida, sin tener que esperar a pasarlo al Pleno y arriesgando la posibilidad de que no haya tal despido.

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Cuando intentan justificar las observaciones que hizo la Auditoría Superior de la Federación a instancias estatales y municipales por anomalías en el ejercicio 2017 de recursos federales, las autoridades y sus funcionarios alcanzan niveles soprendentes de creatividad.

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O le restan una cantidad cuantiosa al monto irregular usando fórmulas sacadas de la manga, como lo hizo la Contraloría Estatal, o simplemente se desentienden de la responsabilidad para arrojarla a otros, como ciertos funcionarios perredistas hicieron para justificar el desastre gallardista en las cuentas.

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La Secretaría de Educación del Gobierno del Estado hizo lo propio al señalar que las cuentas sobre los trabajadores no encontrados en sus centros de trabajo arrogaron más de 150 empleados “fantasma”, diciendo que la ASF falló al comparar una nómina que tenía un año desfasada con la plantilla actual.

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Si en la SEGE piensan que se puede hacer pasar a la ASF como poco escrupulosa, allá ellos, pero el argumento es risible.

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Un padrón de 2016 usado en la cuenta 2017 hubiera arrojado mucho más inconsistencias. LA SEGE también incurrió en el sobado argumento de que buena parte de las anomalías ya estaban aclaradas, cuando el mismo documento de la ASF señala que las pruebas presentadas antes de la publicación del reporte fueron consideradas insuficientes para considerar solventadas las irregularidades.

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Simplemente, se trata de una estrategia de autoengaño ante la incómoda situación de ver exhibidos errores y malos manejos.

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¡HASTA MAÑANA!

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